Introducción
[L]as potencias de Europa disfrutaron de su metafórico “trozo de la tarta” africana; hasta que los países del continente iniciaron procesos de descolonización.
Entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885 se reunieron, en Berlín, los líderes diplomáticos de las principales potencias europeas, Estados Unidos y el Imperio otomano. La Conferencia de Berlín —o Conferencia del Congo— sirvió para poner en común los diferentes intereses de unos y otros vis á vis África, culminando con la repartición de prácticamente todo el continente entre los participantes, a excepción de Etiopía y Liberia.
Durante algo más de medio siglo, las potencias de Europa disfrutaron de su metafórico “trozo de la tarta” africana; hasta que los países del continente iniciaron procesos de descolonización principalmente entre los años 50 y 70 del siglo XX para reganar su independencia. Todos ellos lo hicieron, salvo el Sáhara occidental: considerada la última colonia en África, habiendo sido la provincia número 53 de España durante más de 90 años, es un “territorio no autónomo” según la Organización de Naciones Unidas (Naciones Unidas, 2023).
Seguridad, gobernanza y desarrollo
Del total de 49 países valorados en esta región [África], 17 tienen un “régimen híbrido”, apenas 6 son “democracias imperfectas”, y tan solo Mauricio es considerado una “democracia plena”.
Tres son los pilares para la estabilización de un país: la seguridad, la gobernanza y el desarrollo (Sánchez Herráez, 2022). Estos elementos interactúan en una suerte de círculo vicioso, facilitando o dificultando la consolidación de unos y otros y afectando la estabilidad de una nación. Durante décadas, los países de Europa han puesto el foco en proporcionar seguridad vía elementos de carácter militar —misiones internacionales, formación de tropas, envío de armas—, ingenuamente pensando que la contribución al desarrollo seguiría orgánicamente.
Expertos como el senegalés Saiba Bayo consideran que, aún tras los procesos de descolonización a partir de mediados del siglo pasado, potencias como Francia han seguido ejerciendo un neocolonialismo —especialmente tangible en lo económico— en África. “Se crearon falsas independencias, que consistía simplemente en dar la independencia política a esos países, mientras que su economía y sus recursos estaban bajo control de Francia” (Rey, 2023). Se trata de países constuídos como tal hace apenas unas décadas, cuyos regímenes son en muchos casos autoritarios. El Índice de Democracia de The Economist catalogó 59 países “autocráticos” en el mundo en 2023, de los que 25 se encuentran en África. Del total de 49 países valorados en esta región, 17 tienen un “régimen híbrido”, apenas 6 son “democracias imperfectas”, y tan solo Mauricio es considerado una “democracia plena” (The Economist, 2024).
Según datos del Africa Center for Strategic Studies, ningún país considerado “democrático” en el continente está experimentando conflictos, frente al más del 50% de los “autocráticos” que sí lo hacen (ACSS, 2021). La política africana ha estado marcada por los golpes de Estado, las guerras civiles, y la corrupción y el nepotismo. Asimismo, tan solo un 7% de la población africana vive en países considerados “libres” según el Índice de Democracia de Freedom House, con un 50% de la población viviendo en países “no libres” (Freedom House, 2023). “La falta de legitimidad y de rendición de cuentas está en la raíz de muchos de los conflictos armados de África, y refleja la incapacidad de estos sistemas políticos para dar cabida a la participación, la contestación y el reparto del poder” (ACSS, 2021).
¿Cambio de foco? El impacto de la guerra en Ucrania
¿Qué puede perder —o está perdiendo Europa— prestando atención solo a Ucrania en detrimento de otros escenarios? No podemos permitirnos mirar únicamente hacia el este, olvidando el sur, dada la gravedad de las amenazas procedentes desde África.
Prestar demasiada atención al elemento securitario, dando por hecho que la gobernanza se tornaría efectiva y presuponiendo que el desarrollo surgiría en estos países, ha evidenciado la ingenuidad y la comodidad de Europa frente al continente africano. Ahora podemos ver el avispero en el que se ha convertido el gran Sahel, por ejemplo, con numerosos países sufriendo golpes de Estado (Burkina Faso, Chad, Guinea, Malí, Níger, Sudán) o retrasando elecciones (como en el reciente caso de Senegal). Evaluar si los golpes de Estado son causa o consecuencia de ese agotamiento frente a la presencia europea, sería objeto de otro análisis.
Hace ya más de dos años, el 24 de febrero de 2022, Rusia inició una invasión de Ucrania que ha sumido al país en una guerra que tiene pocas perspectivas de resolución a corto plazo. En los últimos años habían surgido iniciativas de Europa hacia África, como el Africa-EU Partnership de la Comisión Europea, que han quedado en un segundo plano desde la guerra de Rusia en Ucrania. La sexta cumbre de jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea y la Unión Africana se celebró a mediados de febrero de 2022, poniendo el foco en cuestiones de “paz, seguridad, democracia, prosperidad, solidaridad y dignidad humana” (Comisión Europea, 2022) — pero desde entonces no ha habido más encuentros de los más altos representantes de los países involucrados. Sí que los ha habido en los niveles de Comisiones y Parlamentos.
Los recursos disponibles para acción exterior son limitados y, por tanto, es necesario decidir hacia dónde se destinan. La más cercana Ucrania ha sido estratégicamente priorizada en comparación con la percibida como más lejana África. Pero para países como España, más próximas al actual epicentro mundial del terrorismo yihadista en el Sahel que de Kiev, la realidad es bien distinta (Moreno, 2023). No obstante, cuando se forma parte de una organización como la del Tratado del Atlántico Norte en la que las decisiones han de tomarse por consenso —y cuya “amenaza más significativa y directa para la seguridad de los Aliados” es Rusia (OTAN, 2022)—, cualquier agresión que proceda de Moscú será atendida en primer lugar por la treintena de aliados que componen el grupo.
¿Qué puede perder —o está perdiendo Europa— prestando atención solo a Ucrania en detrimento de otros escenarios? No podemos permitirnos mirar únicamente hacia el este, olvidando el sur, dada la gravedad de las amenazas procedentes desde África. Los gobiernos africanos cuestionan, razonablemente, su capacidad de hacer de muro de contención unilateral contra el terrorismo yihadista, los tráficos ilegales y las mafias, o la presión migratoria, sin la colaboración de sus socios europeos. No se trata de comparar si estas amenazas son más o menos graves que la guerra en Ucrania; sino de reconocer el riesgo que supone para Europa ignorar la falta de efectivos, formación y armamento de nuestros vecinos del sur. No podemos arriesgarnos a que estos alcancen el punto de agotamiento en el que no puedan hacer frente a los problemas mencionados, porque las consecuencias serían extremadamente negativas. Y se sentirían fuertemente en un país como España, frontera sur y nexo entre los dos continentes. Recuperando la afirmación de los recursos limitados, cabe cuestionar si alcanzar el 2% de inversión en Defensa solucionaría parcialmente el problema; o si realmente hemos venido confiando en que nuestros socios africanos dieran buen uso la ayuda militar que les proporcionamos.
El hecho de que Europa se esté retirando —o esté siendo invitada a marcharse— del continente ha permitido la entrada de otros actores como Rusia o China, tanto en los planos de seguridad como de desarrollo, respectivamente. Para que los tres pilares del ciclo de estabilización queden cubiertos, Europa podría centrarse ahora en los aspectos de gobernanza, evitando solaparse y competir con otras potencias, mejorando la situación securitaria de la región en particular y la del mundo en general. Una África más segura nos beneficia porque contribuye a evitar la materialización de amenazas como la expansión del terrorismo yihadista o los flujos migratorios irregulares en suelo europeo al contar con mejores barreras en origen.
Cuando una retirada a tiempo no siempre es una victoria asegurada
[L]os africanos no nos quieren allí. O al menos no mientras no cambie nuestra forma de acercamiento.
Tras los procesos de descolonización que tuvieron lugar en África, la presencia europea en el continente ha estado principalmente canalizada a través de misiones de Naciones Unidas y la Unión Europea. En el momento actual llama la atención el contraste: los africanos no nos quieren allí. O al menos no mientras no cambie nuestra forma de acercamiento. Poner la culpa únicamente sobre el legado colonial nos haría pecar de simplistas — retomando la metáfora de la tarta, puede que las grandes potencias coloniales ya no sean dueñas y señoras de países africanos, pero siguen presentes en esta zona del mundo y nuevos actores han aprovechado el vacío dejado por algunas de ellas para consolidarse allí. Hablamos de los ejemplos de Estados Unidos y sus bases militares, Rusia mediante la explotación de recursos y los servicios de seguridad, o China vía grandes inversiones de capital. Un razonamiento plausible sería reconocer que África no buscan ese colchón por parte de potencias extranjeras, sino que desean desarrollar capacidades propias que permitan su progreso sin dependencia, de manera cada vez más autónoma.
Desde el punto de vista europeo y occidental, tenemos mucho que ofrecer más allá de la seguridad. Malí, República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, Níger. Si hay una tendencia que ha evidenciado el cansancio de los países africanos hacia la presencia de potencias extranjeras en sus territorios, esa ha sido la expulsión de misiones de Naciones Unidas o Unión Europea en los últimos dos años (Moreno, 2023). También el muy reciente fin del acuerdo de cooperación entre Níger y EEUU, que otrora permitía a Washington operar en el país africano contra la insurgencia yihadista en el Sahel, y que ahora fuerza la retirada de los más de 600 militares estadounidenses allí. O la cancelación de renovación a partir de este mayo de la Misión de Entrenamiento en Malí de la Unión Europea, tras más de 10 años en los que, tampoco allí, se ha reducido la violencia yihadista.
Cabe cuestionar si lo que necesitan realmente esos países africanos es, de nuevo, presencia europea en sus territorios. La clave está en plantear nuevas formas de cooperación y desarrollo que no sean percibidas como intrusivas; y darles el poder de decidir cuándo quieren dar por terminada esa colaboración. Ejemplo de ello podría ser la Misión de la OTAN en Irak (NMI por sus siglas en inglés), por la que fue Bagdad quien pidió ayuda de la OTAN para formar su personal militar y que ahora está en negociaciones de retirada. Otro, las llamadas “Actividades de Seguridad Cooperativa y de Diplomacia de Defensa” que España lleva a cabo de manera bilateral con socios en el golfo de Guinea.
Este tipo de colaboraciones bilaterales pueden suponer una menor presión para los países africanos y proporcionales una mayor comodidad frente a las misiones internacionales que hasta ahora han devuelto resultados variables. Alejados de posibles similitudes con el antiguo colonialismo, los países europeos podrían acercarse a aquellos con lo que tienen una mayor compatibilidad lingüística o según la afinidad de sus líderes, entre otras opciones. En este caso, España no es percibida como potencia colonial con la misma intensidad que otros como Francia o Reino Unido, lo que nos quita un cierto peso. Europa puede aportar mucho y bien en la estabilización de África a través de la consolidación de una gobernanza efectiva que habíamos menospreciado hasta ahora. Esa es nuestra ventaja comparativa en estos momentos.
Referencias:
Africa Center for Strategic Studies (9 marzo 2021). Autocracy and Instability in Africa, en Spotlight. Recuperado de: https://africacenter.org/spotlight/autocracy-and-instability-in-africa/
Comisión Europea (2022). Africa-EU Partnership, en International Partnerships. Recuperado de: https://international-partnerships.ec.europa.eu/policies/africa-eu-partnership_en
Freedom House (marzo 2023). Freedom in the World 2023, en Report. Recuperado de: https://freedomhouse.org/sites/default/files/2023-03/FIW_World_2023_DigtalPDF.pdf
Moreno, P. (17 abril 2023). Lo que ocurre al sur del Mediterráneo, en El Camino de los Héroes. Recuperado de: https://elcaminodelosheroes.com/lo-que-ocurre-al-sur-del-mediterraneo/
Moreno, P. (27 diciembre 2023). Las valquirias de Wagner en África, en El Camino de los Héroes. Recuperado de: https://elcaminodelosheroes.com/las-valkirias-de-wagner-en-africa/
Naciones Unidas (2023). Territorios No Autónomos, en Las Naciones Unidas y la descolonización. Recuperado de: https://www.un.org/dppa/decolonization/es/nsgt
OTAN (29 junio 2022). NATO 2022 Strategic Concept, en Strategic Concepts. Recuperado de: https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2022/6/pdf/290622-strategic-concept.pdf
Rey, M. (2 septiembre 2023). La sombra del colonialismo francés en la oleada de golpes de Estado en África, en RTVE.es. Recuperado de:
https://www.rtve.es/noticias/20230902/colonialismo-frances-golpes-estado-africa/2454977.shtml
Sánchez Herráez, P. (5 octubre 2022). ¡El Sahel en llamas!: ¿Vuelta al caudillismo?, en Documentos de Investigación del Instituto de Estudios Estratégicos (61/2022). Recuperado de: https://www.ieee.es/en/Galerias/fichero/docs_analisis/2022/DIEEEA61_2022_PEDSAN_Sahel.pdf
The Economist (15 febrero 2024). Democracy Index: conflict and polarisation drive a new low for global democracy, en The Economist Intelligence Unit. Recuperado de:
