Introducción
Dos elementos en común: […] situaciones de crisis […] el protagonismo de la desinformación.
Año 2016, elecciones presidenciales de Estados Unidos, durante la campaña electoral se descubrió una gran cantidad de cuentas falsas, bots y contenidos manipulados, principalmente vinculados a Rusia, para influir en los votantes estadounidenses. Año 2016, Brexit, circularon numerosas informaciones falsas para condicionar el referéndum que luego fueron desmentidas. Año 2020, pandemia de COVID-19, se difundieron noticias falsas sobre el virus, su origen, tratamientos milagrosos y teorías conspirativas. Año 2021, golpe de estado en Myanmar y censura informativa, el gobierno militar golpista censuró el acceso a internet y difundió propaganda oficial manipulada desinformando sobre la represión y la violencia ejercida contra los ciudadanos. Año 2022, invasión de Rusia a Ucrania, se emprende una guerra informativa en paralelo con las acciones bélicas, ambas facciones utilizan propaganda y desinformación. Rusia se caracteriza por promover narrativas falsas “rusófobas” para justificar la invasión y manipular la opinión pública internacional. Año 2023, terremoto en Turquía y Siria, tras el desastre circularon informaciones falsas y teorías conspirativas sobre explosiones provocadas y armas biológicas. Año 2024, inundaciones provocadas por la DANA en Valencia y otras localizaciones de España, circularon múltiples rumores y noticias falsas como la supuesta demolición de presas por parte del Gobierno que podrían haber evitado las inundaciones. Año 2025, epidemia inventada de VIH en México, un bulo alarmista se viralizó por redes sociales generando pánico social. Organizaciones sanitarias tuvieron que desmentir la información dado el alcance de la información.
Todos los eventos anteriormente mencionados tienen dos elementos en común: por un lado, se caracterizan por ser situaciones de crisis y/o relevancia social, donde la población se vuelve más vulnerable y la opinión pública tiende a ser más manipulable. Por otro lado, el protagonismo de la desinformación. Se vierte gran cantidad de noticias falsas, tergiversadas y manipuladas en fuentes abiertas sobre el evento en cuestión con diversos objetivos: polarización social, lucro económico, influencia social o desestabilización democrática, entre otros.
Desinformación en la actualidad
Nunca antes habíamos tenido acceso a tantos datos, noticias y opiniones con tan solo un clic.
Nunca antes habíamos tenido acceso a tantos datos, noticias y opiniones con tan solo un clic. Sin embargo, paradójicamente, estamos más inmersos que nunca en un océano de desinformación, donde las mentiras navegan más rápido que la verdad y los hechos a menudo quedan enterrados bajo creencias y opiniones consideradas sagradas.
La consolidación de las redes sociales como principal fuente de información y la aparición de figuras como el “influencer” o el “periodista ciudadano”; sumado a la rapidez que ofrece internet, haciendo que la información viaje a cualquier parte del mundo; y la posibilidad del usuario de publicar cualquier información sin necesidad de que sea veraz y rigurosa; son algunos de los elementos que han favorecido el éxito de las narrativas desinformativas.
Los conflictos internacionales, las campañas electorales, las cuestiones políticas y hasta los desastres naturales han venido acompañados de olas de desinformación que han enfrentado a las sociedades y han complicado la labor de medios, gobiernos y ciudadanos de entender lo que realmente está ocurriendo. En la actualidad, la desinformación se ha posicionado como una de las principales amenazas para la seguridad a nivel global. En la era de la tecnología y las redes sociales, la población es más vulnerable que nunca al fenómeno de la desinformación.
Conceptualización y características de la información
La desinformación es creada deliberadamente con intenciones maliciosas.
CONCEPTUALIZACIÓN: ¿QUÉ ES LA DESINFORMACIÓN?
En la actualidad, no existe una definición universalmente aceptada y utilizada del término desinformación. Múltiples organizaciones internacionales, compañías especializadas y organismos estatales y gubernamentales han tratado de definir el concepto adaptándolo a sus agendas políticas, sociales y, en general, según la amenaza que supone para sus intereses.
A partir de la recopilación y análisis de múltiples fuentes, la desinformación se puede definir como una acción o estrategia maliciosa basada en la difusión deliberada e intencional de información falsa, manipulada, no rigurosa y/o inexacta que busca influir en su audiencia con unos objetivos claros: manipular y polarizar la opinión pública; minar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y organizaciones garantes de la democracia; erosionar la estabilidad social, política y/o económica; dañar o causar un perjuicio en su destinatario y desestabilizar y/o distorsionar la realidad. Como se ha mencionado anteriormente, las acciones desinformativas suelen aparecer en escena cuando existen situaciones de crisis y/o relevancia social, donde la población se vuelve más vulnerable.
Las actividades de desinformación pueden adoptar múltiples formas: desde noticias completamente inventadas hasta teorías conspirativas, imágenes manipuladas o fragmentos de información sacados de contexto. A diferencia de la información errónea, que puede ser difundida de manera accidental sin intención de causar ningún perjuicio, la desinformación es creada deliberadamente con intenciones maliciosas.
Con respecto a los autores de la desinformación, las campañas desinformativas se han vinculado a múltiples actores de diferentes tipologías: desde gobiernos que buscan influir en la agenda de terceros estados, grupos extremistas, cibercriminales, empresas y organizaciones con fines lucrativos, hasta usuarios que consumen y difunden desinformación sin contrastar.
TERMINOLOGÍA
Desde su posicionamiento en el ranking de las principales amenazas para la seguridad nacional, y su protagonismo en la coyuntura actual, las referencias al término desinformación son frecuentes en la agenda política, los medios de comunicación, verificadores de información, redes sociales, ámbito académico y, en general, la esfera pública. En numerosas ocasiones el término desinformación ha sido confundido o vinculado a otros conceptos que, aunque puedan mostrar similitudes o formar parte de una campaña de desinformación, tienen diferentes significados. Por ello, se presta importante definir y diferenciar algunos de los términos comúnmente utilizados por la opinión pública.
Fake news
Una fake news o noticia falsa presenta las mismas características que un bulo, es una información falsa o engañosa que se propaga con el fin de manipular e influir en su audiencia objetivo. A diferencia del bulo, las principales características de las fake news son, por un lado, el formato: se presentan como noticias reales, imitando sitios web de medios de prensa tradicionales, lo que las hace por lo general más creíbles. Por otro lado, la carga emocional o sensacionalista de la información, que influye con más efectividad en la audiencia.
Propaganda
según la RAE es la «acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores». La propaganda se puede definir como una información, creada a partir de estrategias y técnicas de comunicación, que tiene como principal objetivo influir en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa o posición. Tradicionalmente, la propaganda ha sido repetida y difundida en una amplia variedad de medios para manipular opiniones y actitudes, principalmente, en el ámbito publicitario, político y bélico, llegando incluso a justificar acciones bélicas o crímenes de guerra.
Conspiración
Una conspiración o teoría conspirativa es una teoría o creencia que afirma que un evento determinado está vinculado al secretismo, interés o intención de cierto colectivo. Esta teoría pretende desmentir la versión oficial de un evento determinado mostrando desconfianza y rechazo hacia las instituciones y medios de comunicación tradicionales. Los emisores de este tipo de teorías se apoyan en interpretaciones subjetivas y aportan explicaciones diversas e, incluso, contradictorias. Durante la crisis sanitaria de la Covid-19, se vertieron múltiples teorías conspirativas sobre el origen del virus y la intencionalidad de las vacunas.
Deepfake
Un deepfake es un contenido sintético o falso creado mediante técnicas de Inteligencia Artificial en formato video, audio o imagen, para parecer real. Por lo general, en los deepfakes aparece una persona, conocida o no, realizando acciones que nunca ocurrieron. Existen diferentes técnicas de deepfake, desde reemplazo de rostro hasta voz. Múltiples líderes mundiales han sido víctimas de este tipo de contenido en el marco de conflictos bélicos o hitos internacionales relevantes.
En inglés, también existen múltiples términos para diferenciar los tipos de información de la desinformación. La Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad (CISA) de Estados Unidos plantea las actividades de información diferenciando entre mala información (malinformation), información errónea (misinformation) y desinformación (disinformation):
- Información errónea o equivocada (Misinformation): información que confunde. Es falsa, pero no es creada o compartida con la intención de causar daño.
- Información mala o maliciosa (Malinformation): información que engaña. Es creada deliberadamente para engañar, dañar o manipular a una persona, grupo social, organización o país.
- Desinformación (Disinformation): información que sabotea. Es basada en hechos reales, pero se utiliza fuera de contexto con el fin de engañar, perjudicar o manipular.
A continuación, se muestran dos ejemplos de propaganda vertida a la población en épocas de conflicto bélico. A la izquierda, un ejemplo de propaganda vertida a la población durante la época del nazismo para ganar adeptos que apoyen el régimen. El póster nazi muestra un grupo de alemanes hambrientos y desamparados, e incluye el mensaje «Nuestra última esperanza: Hitler» [1].
A la derecha, un ejemplo de propaganda rusa desinformativa para justificar las acciones bélicas cometidas contra Ucrania. En el póster ruso se muestra una imagen de una familia con la bandera de Rusia, y otra imagen de un soldado y una decapitación con la bandera de Ucrania. El póster incluye el mensaje «Esta es la diferencia». Esta imagen procede, según la información detectada, del Ministerio de Defensa ruso. Es una de las 28 ilustraciones que forman un panfleto ruso titulado «¿Cuál es la diferencia?» visto en territorios ocupados [2].

Factores que favorecen la propagación de desinformación: ¿Por qué se consume?
Las personas juegan un papel clave en la desinformación, ya que son sus principales receptores y emisores.
La gran cantidad de información disponible en el ciberespacio, sumado a la rapidez de propagación, el bajo coste y la facilidad para mantener el anonimato, ha favorecido el auge de las compañas de desinformación. Sin embargo, el éxito de todas las campañas desinformativas radica, principalmente, en su consumo por gran parte de la ciudadanía. Las personas juegan un papel clave en la desinformación, ya que son sus principales receptores y emisores.
La población se muestra más vulnerable a consumir desinformación en la época actual, protagonizada por el desarrollo de múltiples conflictos, procesos electorales y fenómenos demográficos, entre otros. La guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto entre Israel y Palestina, y las crisis migratorias son algunos de los escenarios que se han convertido en caldo de cultivo para estrategias desinformativas. En estas situaciones, la ciudadanía se convierte en un elemento manipulable, dejándose influenciar por líderes de opinión, comentarios de figuras a las que se admira o personajes políticos con discursos radicales, en muchas ocasiones, en el límite de lo democrático.
A nivel individual, algunos de los elementos que puedan afectar en el ciclo de propagación de la desinformación son los siguientes [3]:
- Factores demográficos: el nivel educativo, el nivel económico o vivir en determinado país puede influir en la tendencia a creer o compartir desinformación.
- Predisposición cognitiva: la existencia de determinados sesgos cognitivos predispone a los individuos a creer en información falsa y propagarla. Un sesgo muy característico de las campañas desinformativas es el sesgo de confirmación, tender a considerar legítima la información que confirma las creencias u opiniones propias, ignorando el resto de información.
- Contexto socioafectivo: el contexto socioafectivo juega un papel fundamental en las campañas de desinformación. La desinformación que contiene información con carga emocional, o aspectos afectivos favorece la influencia y persuasión de un individuo. Por ello, las estrategias desinformativas incluyen la explotación de aspectos derivados del estado emocional y los sentimientos. Claro ejemplo es la prensa o propaganda sensacionalista, que se muestra muy atractiva para la sociedad actual.
- Perdurabilidad y efecto continuado: por lo general, las personas muestran gran resistencia a corregir o desmentir las creencias e informaciones que tradicionalmente han apoyado, aunque resulten erróneas. Por otro lado, someter a la población a cierta información durante un periodo prologando puede favorecer su influencia.
En el marco colectivo, como parte de un nuevo escenario socio-informativo protagonizado por el ecosistema digital, también existen una serie de factores que favorecen la influencia de las campañas de desinformación [4]:
- Confianza en el marco democrático: en la actualidad, existe un incremento de la desconfianza en las instituciones democráticas y otros actores considerados garantes de la democracia como los medios de comunicación tradicionales. Esta situación global afecta al poder de las democracias y debilita la capacidad de las instituciones y medios de comunicación para hacer frente a narrativas desinformativas.
- Esfera geopolítica: la esfera geopolítica actual y la existencia de conflictos internacionales favorece el auge de la desinformación. Las estrategias desinformativas son cada vez más utilizadas por actores estatales como herramienta híbrida para desestabilizar a sus oponentes. La desinformación podría considerarse un arma híbrida dado su posicionamiento en una zona gris. En este sentido, la falta de legislación y la dificultad para atribuir este tipo de ataques favorece su efectividad.
- Confianza en los medios de comunicación: los medios de comunicación tradicionales han dejado de considerarse neutrales y garantes de una información veraz. Algunos hitos de relevancia internacional como la crisis económica, la precarización social y la falta de confianza ciudadana han debilitado la confianza en este tipo de actores. A su vez, han minado la capacidad del periodismo tradicional para hacer frente a las campañas de desinformación.
- Polarización social: la polarización social y fragmentación de la opinión pública ha favorecido la diseminación de desinformación. Además, la falta de pensamiento crítico y la influencia de figuras como el “periodista ciudadano” han debilitado la capacidad de los ciudadanos para detectar desinformación y, a su vez, han potenciado el éxito de este fenómeno.
- Modelo de negocio digital: la influencia de las Redes Sociales y el poder que supone poseer información sensible ha favorecido el auge de nuevos modelos de negocio digital. Este tipo de negocios, en muchas ocasiones, responden a intereses económicos que pueden favorecer la falta de privacidad, la exposición y la circulación de desinformación, sin atender a los efectos negativos que pueden causar. Existen empresas que generan contenidos falsos para rentabilizarlos o empresas que monetizan los datos personales de los usuarios a cambio de servicios “gratuitos”.
- El ciberespacio y la influencia de las nuevas tecnologías: el ciberespacio constituye un bien público global. El ecosistema digital actual ha sido clave para el acceso globalizado a la información y, a su vez, el acceso a la desinformación. Las noticias e informaciones viajan sin filtro por las Redes Sociales y son generadas por más medios y más canales. Las características del ciberespacio y las tecnologías como el análisis masivo de datos y la Inteligencia Artificial tienen un papel fundamental en el proceso de generación y difusión de desinformación. Algunos de los elementos detectados en campañas desinformativas son los algoritmos, perfiles falsos, cuentas automatizadas no humanas (bots), deepfakes, mensajería encriptada, publicidad pagada, etc.
Consideraciones finales
Queda claro que la desinformación no actúa en el vacío: se alimenta de entornos de crisis, contextos de polarización, marcos institucionales frágiles y ecosistemas digitales permisivos, donde la velocidad, el anonimato y la viralidad refuerzan su alcance y poder de influencia.
La primera parte de este trabajo ha permitido establecer los fundamentos teóricos, conceptuales y contextuales necesarios para comprender el fenómeno de la desinformación en su complejidad. A través del análisis de su evolución terminológica, sus múltiples formas de manifestación, así como los factores individuales, emocionales, cognitivos, sociales y tecnológicos que explican su propagación, hemos ofrecido una visión amplia sobre por qué la desinformación ha adquirido tal protagonismo en el escenario global contemporáneo.
Queda claro que la desinformación no actúa en el vacío: se alimenta de entornos de crisis, contextos de polarización, marcos institucionales frágiles y ecosistemas digitales permisivos, donde la velocidad, el anonimato y la viralidad refuerzan su alcance y poder de influencia. Además, el papel del individuo como receptor, replicador y, en muchos casos, creador de contenido desinformativo es esencial para comprender la dinámica actual de este fenómeno.
Con esta base, se abre paso al análisis de la segunda parte de este trabajo, que abordará las consecuencias estructurales de la desinformación. En ella se profundizará en los impactos que este fenómeno genera en distintos planos —político, social, sanitario, de seguridad y cognitivo—, evidenciando su capacidad de desestabilización y manipulación a gran escala. También se explorarán las principales estrategias de respuesta impulsadas por organismos internacionales, gobiernos y actores sociales, destacando tanto los enfoques institucionales y tecnológicos como las nuevas alianzas cívico-democráticas emergentes. En dicha segunda parte no solo se pretende diagnosticar los efectos de la desinformación, sino también hacer una pequeña contribución a la identificación de sendas hacia una resiliencia informativa sostenible, una ciudadanía crítica y una gobernanza democrática robusta frente a uno de los desafíos más significativos del siglo XXI.
[NOTAS]
[1] «Unsere letzte hoffnung: Hitler». Fuente de la imagen Imperial War Museums. [2] https://elpais.com/internacional/2024-10-06/canibales-y-adoradores-de-satanas-la-delirante-propaganda-rusa-sobre-las-tropas-ucranias.html. Fuente de la imagen, El País. [3] https://oficinac.es/sites/default/files/informes OFICINAC_desinformaci%C3%B3n_20231214_web.pdf [4] https://oficinac.es/sites/default/files/informes/OFICINAC_desinformaci%C3%B3n_20231214_web.pdfReferencias
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