DE LA GUERRA (II)

REFLEXIONES DEL LIBRO I SOBRE LA NATURALEZA DE LA GUERRA, DE LA OBRA DE LA GUERRA DE CARL VON CLAUSEWITZ. SOBRE EL FIN Y LOS MEDIOS.

Nos acercamos al corolario más famoso de Clausewitz.

La guerra es una mera continuación de la política por otros medios. Es un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política por otros medios. El propósito político es el objetivo, la guerra es el medio.

El jefe militar lo primero que tiene que hacer es saber qué clase de guerra es en la que está empeñado y no convertirla en algo diferente, contrario a lo que marca la naturaleza de los hechos. La guerra constituye odio, enemistad y violencia primigenia. Del apunte inicial que hacíamos en la parte primera, al sentimiento e intención, ahora se le añade la acción hostil.

Sobre el Fin y los Medios en la guerra trata el capítulo II del libro primero. Para Clausewitz, el orden de sucesión de los actos para conseguir la victoria en la guerra son los siguientes:

Primer acto:

Cuando se entra en campaña, lo primero que hay que tener en cuenta es destruir las fuerzas militares oponentes, esto no quiere decir aniquilar al enemigo hasta que no quede ninguno en pie, sino que se refiere a llevarlos a un plano de la realidad en el que se vean imposibilitados de continuar la lucha y que por esta razón depongan las armas.

Segundo acto

En segundo lugar, lo que se debe hacer es conquistar el territorio que se ha ganado en un combate. Es necesario, una vez desarmada la fuerza oponente, garantizar la seguridad del territorio ocupado. Además, siempre puede ser fuente de nuevas fuerzas militares o fuente negociadora en futuro devenir de la guerra o de la paz.

Tercer acto

Y por último, la voluntad del enemigo tiene que ser siempre sometida. El enemigo puede perder batallas, combates, puede estar desarmado y sin ningún atisbo de éxito o victoria, pero si no se somete la voluntad del enemigo, nunca se ganará la paz. Si la firma de la paz siempre se extingue, con más motivo si no se somete la voluntad del enemigo.

Sin embargo, tanto la pérdida de territorio que favorece el debilitamiento de las fuerzas militares, o bien el desarme del enemigo como medio para alcanzar el objetivo político, no son siempre condiciones necesarias para la paz.

Para Clausewitz hay dos motivos que inducen a firmar la paz:

  • Lo aleatorio que puede resultar el éxito en la guerra.
  • El excesivo precio que hay que pagar por él.

Es por estos motivos por lo que no siempre es necesario luchar hasta que uno de los bandos sea derrotado. Cuando las motivaciones y las tensiones son débiles, una ligera probabilidad es suficiente para hacer que el bando en desventaja ceda de sus propósitos.

Si el bando poseedor de dicha ventaja es consciente de tenerla, es lógico que ponga sus medios a favor de hacer patente dicha ventaja en lugar de buscar la derrota completa del enemigo.

La motivación de la firma de la paz tendrá en cuenta el gasto de fuerzas y por supuesto el gasto económico. La firma de la paz no es un acto de pasión ciega sino que responde y está íntimamente ligada al objetivo político: la importancia de este objetivo determinará el sacrificio que hay que hacer.

Cuando no se pueda desarmar al enemigo, es la ley de probabilidades, que ya hemos mencionado, la que determinará la paz. Por lo que es importante influir en esta ley para hacerse con la ventaja competitiva.

Para hacerse con esta ventaja a partir de la destrucción de las fuerzas del enemigo bastaría una pequeña victoria que sea susceptible de quebrantar el ánimo al enemigo y crearle un sentimiento de inseguridad haciéndole percibir nuestra superioridad (Recuerda esto a la guerra de guerrillas, germen de la guerra asimétrica).

Si no se quiere desarmar al enemigo totalmente, o se tiene la convicción de que el enemigo no busca un enfrentamiento sangriento, se puede obtener ventaja por medio de la ley de probabilidad con la conquista parcial de su territorio aunque sus fuerzas no hayan sido desarmadas, sin ser éste el orden lógico de actuación según Clausewitz, pero será un mal menor que hay que asumir.

Otras vías de actuación serían por medio de la política:

  • Realizar acciones tendentes a desbaratar los planes del enemigo.
  • Atraer nuevos aliados.
  • Estimular actividades políticas a nuestro favor.

Hay otras fórmulas, que podemos llamar indirectas, de conseguir ventaja y que no se explicitan como tal, por ejemplo, haciendo que las victorias del enemigo sean más costosas de lo que están dispuestos a permitirse, o bien influir en el desgaste del enemigo (otra vez la defensa como acto ventajoso).

El desgaste del enemigo puede venir también, por ejemplo, de la ocupación de territorio enemigo, ocupando más allá de lo que sería importante estratégicamente para poder usarlo posteriormente como moneda de cambio. También se puede dirigir la acción en aquellos sitios donde se produzca más daño al adversario. Pero la medida como tal, de desgaste, consistiría en una acción de hostigamiento permanente y continuado sobre el enemigo de manera prolongada.

Clausewitz advierte que este método de desgaste puede ser peligroso y por eso hay que fijarse objetivos modestos, como el objetivo de resistencia pura, es decir, una lucha sin ninguna intención positiva, pero sin caer en el error de una pasividad en el aguante, porque sino dejaría de ser un enfrentamiento. Hay que resistir hasta que el enemigo cese de su intento, esto es la esencia de la ofensiva/defensiva.

Estas son todas las vías que Clusewitz, de manera dialéctica, desarrolla para la consecución del Fin en la guerra. El Medio para conseguir el Fin es único, el combate.

Todo lo que ocurre en la guerra, se debe hacer mediante fuerzas militares.

El combate no es una lucha de individuos contra individuos, es un todo organizado que integran muchas partes. Aunque al final, sí lo es. En el combate se produce lo que Calusewitz denomina «el encuentro», la confrontación de dos unidades enemigas que están destinadas a destruirse ya que esto es inherente a su concepción.

Para Clausewitz, el encuentro de unidades en un combate es el medio en la guerra, pero sus múltiples vías nos llevan a una multiplicidad de objetivos y a clasificar las intenciones en positivas y negativas.

Es razonable que los medios en cuestión tengan que ser los más costosos, ya que si bien otras cosas son equiparables, el gasto de nuestras fuerzas será siempre mayor cuanto mayor sea el propósito de destruir las del enemigo. Otros medios pueden ser menos costosos pero nuestra elección, en definitiva estará supeditada a la del enemigo.

Si uno de los beligerantes está dispuesto a seguir el camino de las armas tiene muchas posibilidades de conseguir el éxito (la mejor defensa es un buen ataque), y si el adversario no estaba dispuesto a seguir ese camino, tendrá que rehacer sus planes con la consiguiente pérdida de la ventaja competitiva.

Ante esta pérdida de iniciativa, se puede optar, como ya se ha dicho, por una resistencia pura. No habrá una intención positiva en esos actos, sino que el esfuerzo que hay que hacer está dirigido al fracaso del enemigo.

En definitiva, conservar nuestras fuerzas tiene un componente negativo que consiste en desbaratar las intenciones del enemigo, es decir, conduce a la resistencia pura, cuyo último propósito no puede ser otro que el de prolongar la duración de la contienda para que el enemigo agote sus propias fuerzas.

De todo ello se destaca que los objetivos positivos para Clausewitz son todos aquellos que contribuyen al acto de destrucción del enemigo, mientras que los objetivos negativos se centran en el tiempo de espera o de prolongación del conflicto.

Clausewitz hace una distinción clara entre el estudio de la guerra y la guerra en sí. Por mucho que se estudie la guerra, sus concepciones, sus peligros, el estudio de las tácticas, de las cualidades de los soldados, … advierte que mientras no se tenga un conocimiento personal de la guerra no se podrá dilucidar de cuáles son las verdaderas dificultades que encierra la guerra ni de la importancia real que tiene el combate, así como la genialidad y las extraordinarias cualidades espirituales que debe tener un comandante en jefe.

La única manera de familiarizarse con la guerra, es el hábito a la misma.

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