Entrevista
Política, Diplomacia, Acción Exterior

TG Francisco Gan Pampols. Mandar bien

Tengo el inmenso placer de poder compartir en Defensa, Cultura, Divulga, el espacio dedicado a la divulgación de la Cultura de Defensa de ECH, El camino de los héroes, la entrevista realizada al Teniente General Francisco Gan Pampols.

El Camino de los Héroes (ECH): General, es un verdadero placer tenerle aquí. Espero que se encuentre bien.

Francisco Gan Pampols (FGP): Muchas gracias, es un placer.

ECH: En su libro «El arte de mandar bien» habla de la importancia del liderazgo eficaz. Si tuviera que elegir una única cualidad esencial e indiscutible que deba poseer un líder eficaz, ¿cuál sería y por qué?

FGP: La ejemplaridad, porque sin ella es imposible transmitir compromiso y generar confianza. Es muy visible y se plasma perfectamente en la diferencia que existe entre empujar desde atrás y dirigir desde delante.

ECH: General, una pregunta clásica: ¿El líder nace o se hace?

FGP: El líder nace, pero es su voluntad y su compromiso los que le hacen realmente líder. Indudablemente hay muchas técnicas que perfeccionan el ejercicio del liderazgo y que es obligado conocer y practicar. Pero no es posible hacer que quien no quiera asumir la responsabilidad de liderar pueda llegar a conseguir la autoridad necesaria para ejercerlo.

ECH: Ha trabajado mucho el concepto de liderazgo desde el ámbito militar. Ahora que desempeña un cargo político como vicepresidente para la reconstrucción de Valencia tras la Dana, ¿existen diferencias fundamentales que pueda percibir respecto al liderazgo militar?

FGP: Realmente no, liderar en esencia es lo mismo independientemente del entorno en que se ejerza. Acaso matices menores en el estilo de mando que son más evidentes en el ámbito castrense, pero hay que partir de la base que estar bien mandado es un derecho y mandar bien una obligación del que acepta la responsabilidad del cargo.

ECH: Dicho de otro modo, ¿cree que el liderazgo es transversal o realmente existen tipos diferenciados como militar, político, o empresarial?

FGP: Transversal siempre. Hay ejemplos de liderazgo que han recorrido todos esos itinerarios e incluso intercambiado roles como Eisenhower, De Gaulle, o la muy frecuente relación entre empresa y fuerzas armadas en el mundo anglosajón donde es habitual el fichaje de figuras militares para puestos empresariales.

ECH: En cualquier caso, el modo de ejercer y las expectativas del liderazgo en el ámbito militar y en la esfera política son distintas. ¿Qué puede aprender un político del liderazgo militar y, a la inversa, un militar del liderazgo político?

FGP: Como he dicho antes, no creo que exista un liderazgo militar y uno político. Existe la capacidad para influir en las personas, uniformadas o no, de forma que trabajen coordinadas y con entusiasmo para lograr objetivos comunes que van más allá de su interés particular, y lo hagan queriendo hacer lo que deben hacer. Y, por supuesto, el fin que se persigue debe ser moralmente bueno. El líder no puede ser cortoplacista ni miope, tiene que ser estadista en lo político, generalista en lo militar, tener muy clara la visión, la misión y los objetivos a alcanzar por la organización que lidera y, sobre todo, saber que siempre es responsable de las consecuencias de sus acciones.

ECH: Precisamente sobre su actual responsabilidad, ¿cuál está siendo el mayor desafío en la gestión de la reconstrucción de Valencia después de un desastre tan significativo como la Dana?

FGP: Lograr la adecuada coordinación entre los distintos actores que intervienen en el proceso de recuperación. Son muchos, diversos y con intereses no siempre coincidentes.

ECH: Soy un apasionado de «El arte de la guerra» de Sun Tzu, libro del que usted ha realizado una edición comentada. Hay una enseñanza en particular que últimamente parece describir la situación actual en Europa: «Si no puedes ser fuerte y sin embargo no puedes ser débil, esto resultará en tu derrota». ¿Cómo aplicaría esta enseñanza al contexto europeo actual?

FGP: De la única forma posible, a través de una política de alianzas y de neutralidades mediante la cual determinemos y alcancemos la capacidad necesaria para ejercer una autonomía estratégica que favorezca nuestros intereses. Aliados sí, vasallos no, neutrales, sí, ciegos no.

ECH: Una pregunta obligada en esta entrevista: ¿Qué es para usted la Cultura de Defensa y cómo valora su estado actual en España?

FGP: Para mi es el grado de conocimiento y compromiso personal que el ciudadano debe tener sobre la composición, misión y cometidos de sus fuerzas armadas. Hay que saber distinguir cuál es el entorno en el que nos encontramos, que retos, riesgos y amenazas hay que enfrentar para mantener el modelo de sociedad que queremos y hay que ser conscientes del coste que ello supone, evitando polémicas artificiales y estériles como el debate de cañones o mantequilla y cuartele u hospitales. Sin lo uno, no se puede garantizar lo otro.

El estado actual de la cultura de defensa en España es deficiente, hay una desafección evidente por todo lo relacionado con la seguridad y la capacidad de defensa necesaria para garantizarla. Hay debates populistas ajenos a la realidad cuando no manipulados sobre el gasto en defensa, capacidades necesarias, soberanía, alianzas…demasiados tertulianos y poca pedagogía real. También es necesario reforzar el sentido del Estado, la nación, la solidaridad y el compromiso colectivo de defensa de los valores recogidos en la Constitución. Hay que recuperar el concepto de patriotismo que lejos de estar trasnochado es el motor esencial para el progreso de una nación. Conviene leer a Habermas y so concepto de patriotismo constitucional.

ECH: ¿Considera que existe actualmente una desconexión entre la sociedad, sus gobernantes y las Fuerzas Armadas? En caso afirmativo, ¿cómo podría resolverse esta situación? ¿La inversión en Defensa debería ser también una inversión en Cultura de Defensa?

FGP: No se si tanto una desconexión cuanto un desconocimiento profundo y alarmante en el caso de algunos representantes políticos. Las fuerzas armadas no son del gobierno, son del estado, este asunto es de capital importancia porque no se pueden utilizar las fuerzas armadas para aquello que no esté directamente vinculado a sus misiones constitucionales. Se considera por algunas fuerzas políticas a las fuerzas armadas como un mal necesario e incluso un gasto superfluo y prescindible. La sociedad aprecia en general a sus fuerzas armadas, pero prefiere una versión edulcorada de sus misiones. Por ejemplo, valora extraordinariamente la participación en operaciones de mantenimiento de la paz, seguridad cooperativa, ayuda humanitaria, etc. Pero la realidad que se debe asumir es que las fuerzas armadas están para, llegado el caso, combatir y vencer a aquellos que ponen en riesgo nuestra supervivencia, amenazan nuestra forma de vida y nuestros principios rectores como sociedad.

ECH: En relación con la gestión de emergencias como la Dana, ¿qué lección fundamental destacaría para prevenir o minimizar futuros desastres?

FGP: La anticipación unida a la autoprotección. La anticipación plasmada en la construcción de infraestructuras de minimización y contención de riesgos, en mejores sistemas de alerta y activación, en mejores procedimientos de actuación y en mecanismos de coordinación más simples, operativos y efectivos. Respecto a la autoprotección, la educación en la gestión personal del riesgo y la práctica de simulacros que faciliten el aprendizaje y fijen la idea de que el primer responsable de la seguridad es uno mismo. 

ECH: ¿Por qué cree que los militares tienen un papel cada vez más protagonista en la gestión de emergencias? ¿No sería viable o preferible una Unidad Civil específica para emergencias?

FGP: Mire, sinceramente, creo que es porque es mucho más fácil, rápido y eficaz activar a una unidad militar que por medios, procedimientos y sistemas está habituada a realizar una tarea que entraña un riesgo y se adapta fácilmente a una situación que es por definición imprevisible y con potencial catastrófico. Una unidad civil podría conseguir la misma efectividad y cohesión, sin duda, pero tendría que operar bajo los principios y procedimientos de una organización disciplinada, jerarquizada y unida como la UME que, como sabe, ya existe.

ECH: A menudo se comenta la falta de liderazgo, especialmente en Occidente. Como experto en liderazgo, ¿está de acuerdo con esta percepción?

FGP: Creo que nos referimos más al concepto de estadista en contraposición al del político cortoplacista. Los estadistas miden las acciones que afectarán a generaciones venideras, los políticos cortoplacistas se centran en lograr los mejores resultados para las próximas elecciones. Efectivamente, tiene un componente de liderazgo en el primer caso y uno de dirección llamémosla espuria en el segundo. Si no existe un propósito legítimo, ilusionante y aglutinador que sea percibido por el ciudadano como digno de su compromiso, no hay liderazgo. El estadista tiene un componente altruista, es en cierto modo un visionario y siempre trabaja para la sociedad en su conjunto, procurando anticipar el futuro y preparándose para hacerle frente. El político cortoplacista está más en la continuidad de sus intereses garantizando el futuro personal y de su organización.

ECH: Usted destaca en «El arte de mandar bien» la importancia de saber escuchar. ¿Considera que Occidente, y en particular la Unión Europea, sabe escuchar verdaderamente?

FGP: Oír, oyen, escuchar es otra cosa. Para querer escuchar hay que estar abierto a comprender otros puntos de vista, enfrentar pareceres contrapuestos, y estar dispuestos a incorporar intereses ajenos. Sin una idea de Europa compartida en todos los aspectos sustanciales, no hay Europa y, desgraciadamente, ahí seguimos, nadie quiere ceder soberanía sin saber para qué.

ECH: Los jóvenes actuales, a menudo infravalorados, han demostrado un gran compromiso y solidaridad tras eventos como la Dana. ¿Qué mensaje les daría a estos jóvenes que aspiran a ser líderes en el futuro?

FGP: Que liderar no es una opción, es una obligación. Que el potencial transformador que tiene la juventud hay que plasmarlo en hechos y que esos hechos se logran actuando de forma coordinada, que las iniciativas hay que priorizarlas, impulsarlas y transformarlas de tal forma que lo que se pretende hacer llegue a ser una realidad, un peldaño de la escalera que es la excelencia, y son los lideres los que transmiten propósito, criterio y estado final deseado. Liderar es perseverar en la vocación de servicio con un propósito: ser mejor y hacer mejores a aquellos con los que compartimos ese propósito.

ECH: Muchas gracias, General, por su tiempo y sus valiosas reflexiones sobre la Cultura de Defensa.

– Fin –

Las novedades de El camino de los héroes a un clic.

Back to top