La Estrategia de Seguridad Aeroespacial Nacional revisada en 2025 establece claramente que los dominios aéreos y espacial son esenciales para la sociedad española, al ser claves para la inmensa mayoría de las acvidades cotidianas que realizamos, independientemente del sector al cual nos refiramos. Una realidad de la cual los ciudadanos de nuestro país son cada día más conscientes. Hablamos por ejemplo del transporte de bienes y personas por vía aérea – sobre todo teniendo en cuenta el peso del turismo a nivel nacional -, pero también de todos los sistemas que se basan en servicios proporcionados por satélites (transacciones económicas, comunicaciones, sincronización de tiempos, apoyo a la toma de decisiones en desastres naturales, navegación, ocio, etc,).
Esta tendencia es el resultado de la nueva realidad que vivimos. Los acontecimientos de los úlmos años están alterando profundamente el tablero estratégico internacional y certezas que parecían firmes, han dejado de serlo. Derivado de la volátil situación geoestratégica a nivel global, los líderes europeos – haciéndose eco de un pensamiento cada vez más extendido en nuestras sociedades – han apostado de manera firme por una Europa que se haga cargo de su propia defensa y de su propia disuasión.
El Eurobarómetro publicaba en septiembre de 2025 los resultados de una encuesta que muestra un aumento de 10 puntos en la importancia que los españoles otorgan a la seguridad y la defensa. La sitúan en concreto como tercera prioridad, sólo por debajo de la educación y economía. A pesar de este ascenso en la escala de prioridades, todavía continuamos lejos de la media del continente europeo, en el que la preocupación sube peldaños según nos acercamos al este.
En cualquier caso, el dato es muy significativo, ya que nos muestra una mayor concienciación sobre la importancia de la seguridad y defensa en nuestra sociedad, y dentro de ella, recibe especial atención la relevancia del poder aéreo y el poder espacial, ejercidos por el Ejército del Aire y del Espacio, como garante de la vigilancia y protección de nuestro espacio aéreo, y lo que orbita por encima de él.
Las violaciones de espacio aéreo polaco por parte de drones rusos en septiembre de 2025 – derribados por cazas aliados desplegados para defender nuestro Flanco Este, tal y como hace España -, o más recientemente el impacto de un dron ruso en un edificio en Rumanía, así como los lanzamientos de misiles y drones de todo tipo por parte de Irán -alguno de los cuales iba dirigido a territorio aliado -, no han hecho sino reforzar esta idea de que lo primero que tenemos que vigilar y proteger, es el aire y el espacio.
No es de extrañar por lo tanto, si uno echa un vistazo a la publicación de la UE “White Paper fpr European Defence Readiness 2030” (de marzo de 2025), salta a la vista por encima de todo, el hecho de que el aire y espacio reciben la máxima prioridad. El documento incluye en concreto 4 programas estrella:1) Iniciava Europea de Defensa con Drones; 2) Vigilancia del Flanco Oriental; 3) Escudo Aéreo Europeo; y 4) Escudo Espacial Europeo. En todas ellas, el Ejércitos del Aire y del Espacio, junto con sus homólogos europeos, juega un papel principal y prioritario.
No obstante y como es evidente, estas cuestiones no son sólo una prioridad para la UE. La OTAN también ha establecido la defensa aérea y de misiles integrada, la conocida como IAMD, como una de su primeras y más urgentes prioridades. Iniciativas como la misión Eastern Sentry en eldominio aéreo, el programa “Alliance Persistent Surveillance from Space (APSS)” en el espacial, o la reciente revisión del Plan Permanente de Defensa aliado, son muestras en este sentido.
Es importante subrayar que, tanto la UE como la OTAN se encuentran influenciadas claramente por las lecciones idenficadas en los recientes conflictos, sin dejar de mirar por supuesto a los potenciales escenarios a los que podríamos tener que hacer frente, con el fin de anticiparnos y adaptarnos a ellos adecuadamente.
Además del caso de la guerra en Ucrania, otros conflictos de los últimos años como la crisis entre la India y Pakistán, o más recientemente la guerra de Gaza, la operación de EE.UU. en Venezuela o la guerra en Irán, han confirmado tendencias que ya se venían observando con claridad como son:
- Que la capacidad de ejercer el control del aire condiciona decisivamente cualquier conflicto y, en su ausencia, se puede derivar hacia escenarios prolongados de desgaste y atrición en el dominio terrestre. En línea con lo anterior, lo primero es disponer de un sistema de vigilancia y de defensa aérea robusto que pueda hacer frente al creciente uso de drones, municiones merodeadoras, misiles balísticos o la combinación de todos ellos para saturar nuestras defensas.
- Quien no disponga de libertad de acción propia en los dominios aéreo y espacial verá reducida su capacidad de anticiparse, de disuadir y, en úlma instancia, de defenderse.
- La dependencia de servicios espaciales se ha incrementado con respecto a conflictos anteriores, siendo esenciales para poder, entre otros, ejercer el Mando y Control de las unidades desplegadas, guiar armamento, asegurar las comunicaciones y de manera muy destacada en la adquisición de inteligencia y conocimiento de la situación.
Como ya he venido comentando a lo largo del texto, el poder aéreo y el poder espacial aportan capacidades esenciales e insustituibles. Estas se basan en sus tres principales características: disponibilidad, flexibilidad y capacidad de respuesta.
Conscientes de la importancia de contar con estas capacidades necesarias, disponer de una defensa aérea y de misiles integrada y eficaz, desde el Ejército del Aire y del Espacio llevamos años impulsando la adquisición de nuevos sistemas de armas, al tiempo que mejoramos y actualizamos los existentes. Esto incluye; la modernización del sistema de vigilancia con nuevos radares fijos y móviles (LRR y Lanza-T), así como la implantación de un nuevo sistema de mando y control aéreo (AIRDEF); modernos aviones de combate (programa Halcón), aviones de reabastecimiento en vuelo (A-400 y MRRT), sistemas no tripulados para ISR y con capacidad de ataque (Predator, SIRTAP y TARSIS), sistemas C-UAS polivalentes (CROW, Enforce, ARACNE), o armamento de ataque en profundidad (TAURUS). Todo ello, fundamental para ejercer una disuasión creíble.
A todas estas capacidades hay que sumar muchas otras que son necesarias para otro tipo de misiones que realiza el Ejército del Aire y del Espacio, dentro de las cuales se incluye la fuerte inversión en los modernos sistemas integrados de entrenamiento para nuestras escuelas, pues la formación inicial de las tripulaciones es pieza fundamental para posteriormente operar los exigentes sistemas de armas con los que contamos.
Igualmente, los avances en el dominio espacial en los úlmos años han sido exponenciales. Ejemplos destacados han sido la modernización del radar de vigilancia espacial S3TSR de Morón o la integración del nuevo sistema de Conocimiento y Control de la situación Espacial (CCSE) en el Centro de Operaciones y Vigilancia Espacial (COVE). Actualmente, los esfuerzos se centran enla adquisición de sistemas adicionales que incrementen nuestra capacidad de conocer la situación espacial (con un radar para seguimiento espacial y una Red de Observatorios Robóticos dentro del programa RORCOVE); y de proteger nuestros activos espaciales, asegurando la libertad de acción en el espacio ultraterrestre, siendo el programa NEMO (Nave Espacial de Maniobra Orbital) su iniciava más relevante por el momento. En el futuro, el objevo es aumentar progresivamente nuestras capacidades y bascular hacia un modelo de propiedad y control de los activos espaciales de defensa, incluyendo la gestión y operación de los segmentos de enlace y terreno, asegurando una mayor autonomía militar.
Este proceso se ha potenciado gracias al incremento del presupuesto de defensa, que ha permitido hacer frente a otras importantes necesidades, como por ejemplo la reposición y adquisición de armamento diverso, así como la adecuación y construcción de infraestructuras, indispensables estas para la operación de los sistemas de armas. Un proceso que no habría sido posible si no contáramos con una industria de defensa potente y eficiente, capaz no solo de producir, sino también de sostener, reponer y modernizar nuestros sistemas de armas con rapidez. Una industria que nos demuestra que este sector se encuentra al alza, siendo cada vez más competitivo, cada vez más estratégico. No hay que olvidar que en defensa no se gasta, se invierte, y cada vez debemos invertir más, de una manera más eficiente y coordinada, apoyándonos en nuestras propias empresas, con la vista puesta en incrementar la autonomía y resiliencia nacionales.
Aprovechando esta mención a la industria de defensa, me gustaría finalizar poniendo en valor la contribución a la defensa de nuestro país por parte de los diferentes actores. Defensa no es una responsabilidad que compete exclusivamente a las Fuerzas Armadas, sino que se sustenta en otros dos pilares principales. Uno es la industria, cuyo papel acabamos de destacar. El otro, el sector académico, incluyendo universidades y centros de invesgación, motores de conocimiento e innovación. Todos sumamos en defensa, todos somos importantes y necesarios.
Por lo tanto, en estos tiempos convulsos, llenos de incertidumbre y de tensiones, cobra todavía más importancia seguir fomentando una cultura de defensa en la sociedad española. Las instituciones tenemos el deber de asegurar que nuestros ciudadanos sean cada día más conscientes de la necesidad de contar con unas Fuerzas Armadas adecuadas, y como he pretendido exponer en este artículo, de contar en particular con un Ejército del Aire y del Espacio preparado y equipado para cumplir su misión con eficacia.
Actualmente, fuera de toda duda queda que, la misión de vigilar y controlar el aire y el espacio es una cuestión estratégica, de vital importancia para una nación. Por suerte, hoy contamos con el Ejército del Aire y del Espacio que España necesita para cumplir esta misión.
