Pablo López Fernández
Directivo de una multinacional del sector de la automoción

Mi Cultura de Defensa. Introspección desde el sector civil

Mi visión de la Cultura de Defensa, qué entiendo yo por Cultura de Defensa. Soy un ingeniero de 52 años que trabaja en una multinacional, que vive lejos, profesionalmente, de lo que es la vida militar y de lo que es la Cultura de Defensa, y sin embargo tan cerca. En un ejercicio de introspección intentaré explicar lo que para mí han sido y son nuestros ejércitos, nuestros soldados y marineros, nuestros oficiales, nuestras Fuerzas Armadas y mi sentido de Cultura de Defensa.

Pues bien, aunque civil nacido en el 70 del pasado siglo, viví con cercana pasión las vidas militares de mi abuelo ya retirado, el periodo que pasó mi padre en la Armada y la vida activa de dos de mis tíos también en la Armada.

La vida militar siempre me llamó la atención, quizás por su dedicación y entrega a los demás, o quizás por su intensidad de vida profesional, o por la simbiosis de lo que entiendo entre trabajo y pasión, o por lo romántico de su empeño, o por simplemente justificar su sino en la defensa de su país.

En definitiva, pienso después de esta reflexión, que “el estilo militar” me enganchó, aún siendo ajeno a ese mundo, por entender desde niño que un militar vive donde trabaja y trabaja donde vive a diferencia de una buena parte de la sociedad civil que trabaja para vivir con más o menos entrega y siempre dispuesta al mejor pagador.

Mi único contacto personal con las Fuerzas Armadas lo tuve durante mi servicio militar allá por el 96 (del siglo pasado). Sí, el Servicio Militar Obligatorio, la «Mili». Aunque podía haber pedido más prórrogas al terminar la carrera universitaria en lo que sería un vano ejercicio de dilatar lo inexorable, no las pedí, y tampoco quise hacerme objetor de conciencia, que por aquellos tiempos es lo que se solía hacer. Yo quería vivir,  aunque solo fueran 9 meses, mi pequeña historia de vida militar, y así, fue. Crucé la península de este a oeste y mi primer contacto con este mundo lo tuve en el cuartel de instrucción de marinería en el arsenal de Ferrol. El mes de instrucción lo realicé allí, en Ferrol, mientras que el resto del servicio lo realicé en la Escuela Naval Militar de Marín en el departamento informático.

Guardo grato recuerdo de mi efímero paso por la Armada; lo mejor, la instrucción en Ferrol por su alto contenido en vida militar y marinera,  y de la que salí mencionado como marinero distinguido. Es una tontería pero que todavía recuerdo con alegría y orgullo.

En Ferrol me llegó el solemne momento de jurar bandera, y lo hice, juré dando sentido a cada palabra que pronunciaba y que aún siento. Años más tarde, tuve de nuevo la oportunidad de jurar bandera como civil acompañado de mi mujer y otros miembros de mi familia en una ceremonia preciosa a bordo del Juan Carlos I. Mi juramento de entonces se encontró de nuevo con el beso renovado a la bandera.

Sigo siendo el niño que hace años se enamoró de nuestros ejércitos, de nuestra bandera y de nuestro país y desde mi vida civil actual, me gusta pensar que sigo sirviendo a mi país trabajando con tesón y generando valor añadido para todos.

A la pregunta, de qué es para mi la Cultura de Defensa, respondería que son nuestras Fuerzas Armadas, el cómo se definen, cómo se desarrollan y cómo ejecutan el mandato definido en su sentido histórico, presente y futuro.

La Cultura de Defensa debe, según entiendo, contener la Historia de nuestros Ejércitos, de la Armada, de nuestros héroes pero también de nuestros enemigos, de nuestras victorias pero también de nuestras derrotas («En Lepanto la victoria y la muerte en Trafalgar» recuerdo que hago del himno de la Armada como buen marinero que fui) y por supuesto los símbolos de nuestra Patria.

Nuestra Cultura de Defensa debería explicar nuestro potencial de defensa y de ataque, nuestra ambición en los próximos tiempos. Debería ser pedagógica y explicar a la sociedad cuál es nuestro modo de definir a nuestras FF.AA, nuestro modelo. Debería ser un básico imprescindible de enseñanza general por su naturaleza transversal y vertebradora de servicio al país.

Como conclusión a esta reflexión escrita de lo que para mí han sido y son nuestras FF.AA y lo que es nuestra Cultura de Defensa, diré que mi impresión es que hoy se vive poco, necesitamos vivirla más, conocer nuestra historia militar, nuestro enfoque actual y cuál es el camino que queremos recorrer. Hace falta visibilidad y pedagogía, no solo por los tiempos inciertos que vienen sino porque una sociedad apática en estos asuntos será esclava de lo que otros decidan por ella en temas tan importantes como lo es la Defensa del Interés Nacional.

Juntos, civiles y militares, hemos llegado hasta aquí y juntos tenemos que seguir construyendo lo que somos, porque no hay militares sin civiles, ni habrá vida civil sin Fuerzas Armadas.

Es mi humilde opinión, criticable pero no enmendable, porque es mía y de nadie más.

– Fin –

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