De mi puño y letra
Formación – Academia
Historia
Isabel Cendoya Díaz
Licenciada en Historia e Historia del Arte
Máster en Patrimonio Histórico Escrito

La sangre es la argamasa de la Historia

La sangre es la argamasa de la Historia

“La sangre es la argamasa de la Historia”, solía decirnos un profesor en el último curso de universidad. Esta afirmación, que a priori puede sonar muy tajante, tras cuatro años de carrera de Historia, uno no puede evitar darse cuenta de su veracidad.

Siempre ha habido guerras, y estas han configurado la historia.

En primero, ya habíamos sido advertidos por otra profesora: “siempre ha habido guerras, y estas han configurado la historia”. Ya fuera con los celtíberos o durante la 2GM, la agresividad ha acompañado al ser humano. Cuando comenzó la invasión de Ucrania en el 2022, mientras la gente se lamentaba preguntándose “¿Cómo puede haber una guerra en pleno siglo XXI?”, en clase ya sabíamos que la violencia no entiende de progreso social.

Lógicamente, mi contacto con la cultura de defensa habrá sido mayor que respecto al de otras carreras universitarias. No solo aprendimos sobre batallas, sino también el desarrollo de las armas y su utilización, las diferentes tácticas a seguir, la diplomática, la sociedad, etc. Todo ello, examinado no solamente desde el punto de vista histórico, sino también literario y cultural.

Así, se veía cómo la guerra se había desarrollado desde Gaugamela –la victoria más importante de Alejandro Magno– hasta el presente, pues no solo las acciones habían cambiado, sino la concepción de la guerra en sí. No es lo mismo la guerra en la “democracia” ateniense que en el régimen belicoso de Esparta, al igual que no tenía las mismas ideas un hoplita que un caballero medieval o un corsario, ni la demonización de la violencia se puede comparar a la idea de guerra santa y ,sin embargo, es el mismo ser humano el que ha sido capaz de configurar todas estas concepciones.

A decir verdad, la mayoría de estas enseñanzas no se impartían de manera explícita sino que iban encajadas dentro del contexto histórico.

A decir verdad, la mayoría de estas enseñanzas no se impartían de manera explícita sino que iban encajadas dentro del contexto histórico –a excepción de acontecimientos que necesitaran una mayor profundización–, dándonos los profesores la libertad para desarrollar nuestras propias ideas partiendo de la veracidad histórica. Personalmente, diría que en mi grado se destacó más la historia de las ideas o del arte, en comparación a la cultura de defensa.

No obstante, gracias a algunos profesores a los que les interesaba más el tema, tuvimos la oportunidad de profundizar más en él. Así, aparte del temario, se organizaron varias actividades sobre la cultura de defensa. Por ejemplo, el “ Seminario de Armas”, en el cual recibíamos formación sobre los tipos de armas y su utilización a lo largo de las épocas. Teníamos dos horas sobre cada periodo, una de teoría y otra de práctica, con armas de reproducción. Sí, “atacábamos” a los amigos, e incluso se animaba el profesor.

De primero, recuerdo la violencia de pueblos como los acadios, los babilonios o los persas, que incluso decoraban las paredes de sus palacios con grandes bajorrelieves, mostrando un gran orgullo en su belicosidad. Las primeras manifestaciones de arte –si es que entonces existía tal cosa como “arte”– como la Estela de Naram-Sin o la Paleta de Narmer muestran a Reyes implacables acabando con sus enemigos. En Grecia, la guerra era una parte más de la vida y en Roma, fue la expansión militar la que dio lugar a esa gran civilización. Asimismo, leímos a Homero y nos dimos cuenta de que el primer relato europeo trata de nada menos que una guerra que duró diez largos años.

En el curso siguiente, aprendimos que la caída de Roma no fue a causa de la debilidad de los nuevos cristianos, ya que su combatividad seguía siendo la misma. En cuanto a la Edad Media, vimos cómo los líderes feudales y posteriormente los caballeros ejercían una gran autoridad porque tenían el poder de las armas, que utilizaban según la conciencia de cada uno. Con posterioridad, especialmente en España, dicho dominio debería apuntar hacia un nuevo enemigo común: el Islam. Así continuó en el resto de Europa no solo hasta 1492, sino hasta bien entrada la modernidad.

En tercero, la cultura de defensa se hizo especialmente presente en tres ámbitos: la historia de América, la historia moderna y el patrimonio. En la historia de América, al estudiar la conquista y sus héroes; dentro de la historia moderna española y europea, con la caída de Constantinopla, la batalla de Lepanto, los enfrentamientos entre protestantes y católicos, las guerras oportunistas del siglo XVIII y la importancia de la Armada española; en patrimonio, se concedió gran importancia al patrimonio militar, dado que la profesora era una gran entendida en dicho campo, realizando incluso un proyecto de patrimonio militar inmaterial.

Ese año hicimos un viaje con la universidad a Cartagena, donde tuvimos el placer de poder entrar al Arsenal y recibir un increíble tour en el que se explicaba el desarrollo del propio Arsenal, submarinos y otras naves. Asimismo, pudimos observar el submarino Peral en el Museo Naval y los pecios fenicios en el ARQVA (Museo Naval de Arqueología Subacuática). Además, también tuvimos la oportunidad de hablar con un periodista a bordo del buque escuela “Juan Sebastián Elcano”.

En el último curso, destacaron la I y II GM junto a los avances tecnológicos que conllevaron y los profundos cambios que provocaron en la sociedad. En este año tuvimos múltiples actividades relacionadas con la cultura de defensa. Entre ellas, visitamos el Archivo General Militar de Madrid en dos ocasiones, la segunda con motivo de la presentación de un proyecto en el que colaboraba el Instituto de Historia y Cultura militar: la Trinchera de la Historia, un podcast que trata diferentes episodios de la Historia de España con el fin de que llegue a los jóvenes.

Asimismo, desde mi universidad se realizaron actividades con la finalidad de difundir el V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo por parte de Magallanes y Elcano, y el desarrollo de la Armada en el siglo XVIII. Además, gracias a otro profesor, pudimos visitar la base militar de El Goloso, donde nos enseñaron los carros de combate del MUMA (Museo de Medios Acorazados), además de varias salas dedicadas a la historia de los uniformes.

comprender al ser humano, la sociedad y el valor de los héroes de nuestra historia.

Realmente, aunque la cultura de defensa no solía explicarse de un modo explícito, inevitablemente aprendíamos sobre esta. El temario llegó hasta la invasión de Ucrania, después de ver como década tras década, la guerra puede utilizarse con fines propagandísticos. Por último, diría que aunque la cultura de defensa no destaca en el aprendizaje universitario –con tristeza para el director de este blog–, se puede ver que en mi universidad se ha hecho el esfuerzo de concederle una mayor importancia, lo que me ha ayudado a comprender al ser humano, la sociedad y el valor de los héroes de nuestra historia.

Isabel Cendoya Díaz
Licenciada en Historia e Historia del Arte
Máster en Patrimonio Histórico Escrito

– Fin –

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