Lo que resulta con toda claridad del horrible ejemplo de la guerra pasada es que nuestra escuadra estaba organizada y vivía para el supuesto de que no había de tener más adversarios que carlistas, tagalos o marroquíes. Cuando se ha encontrado con una marina moderna, pertrechada y municionada, ha sucumbido, con demostraciones de heroísmo admirables y de resignación sublime para el martirio de tripulaciones y jefes, pero sin lograr eficacia militar alguna. Y una vez más se ha puesto de relieve la decisiva importancia que tienen para toda guerra no circunscrita al territorio continental de fronteras vecinas, las fuerzas marítimas, y la primera enseñanza que debemos recoger del desastre, aun cuando no sea hoy la más popular, es la de esta verdad:
Que renunciar a tener Armada es renunciar a tener independencia nacional y porvenir alguno en el mundo.
— Francisco Silvela (1843-1905). Político y estadista español, presidente del Consejo de Ministros. Este fragmento pertenece a la carta-prólogo que escribió para la obra Del poder naval en España y su política económica para la nacionalidad ibero-americana (1898), de Joaquín Sánchez de Toca, quien años después sería ministro de Marina. Escritas tras el desastre naval de 1898, sus palabras constituyen una reflexión sobre la insuficiencia del heroísmo sin una adecuada preparación militar y sobre el carácter indispensable del poder naval para garantizar la independencia y el porvenir de España.
