Todo cuanto hacía parecía que el cielo lo aprobaba, la tierra lo
consentía y los hombres lo aceptaban.
— La frase pertenece al militar y cronista Hernán Pérez del Pulgar (1451–1531), apodado «el de las hazañas», testigo directo de los triunfos de Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán». Este elogio ensalza el carisma y la genialidad del héroe que revolucionó el ejército español. Hoy en día, la cita puede leerse en el pedestal del famoso monumento ecuestre dedicado al Gran Capitán en la Plaza de las Tendillas (Córdoba, España), una célebre escultura de Mateo Inurria (1923) que llama la atención porque la cabeza del militar está tallada en mármol blanco, destacando sobre el cuerpo de bronce.
