ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA. NATURALEZA DE ESAS ARMAS Y POSIBILDAD DE ACCESO A ARMAS NBQR POR PARTE DE GRUPOS TERRORISTAS INTERNACIONALES

Las posibilidades del empleo de armas NBQR por parte de los terroristas, se encuadra en el marco de la utilización de armas de destrucción masiva en donde se hace referencia a armas y artefactos nucleares, armas biológicas y químicas y armas radiológicas.

En todos los casos de fabricación y/o producción de armas NBQR queda claro, aunque esto vaya en contra del imaginario general de la opinión pública que no basta con una licenciatura en Física, Química o Biología y el acceso a internet para superar todos los problemas tecnológicos que la producción y empleo de estas armas plantean.

La utilización de armas NBQR por parte de extremistas o grupos terroristas internacionales es posible, pero poco probable. Para materializar un atentado de este tipo sería necesario una estructura de una envergadura tal, que le permitiera a alguno de estos grupos tener:

  • Capacidad de acceso y adquisición a este tipo de armas.
  • Conocimiento específico de manejo, tratamiento, almacenaje y transporte.
  • Posibilidad efectiva de diseminación, dispersión o explosión.
  • Mantenimiento del secreto y de la clandestinidad hasta el momento de su empleo.

Y para tener éxito, los terroristas, en su misión devastadora, han de ser capaces de cumplir con todos y cada uno de los puntos indicados anteriormente. De ahí la complejidad del éxito de su uso. Sin embargo, sí hay algo a su favor: el mundo globalizado favorece el fanatismo de sus acciones.

Una de las pocas expresiones de renombre en la acometida de un atentado terrorista con armas NBQR fue el atentado perpetrado por la secta religiosa Aum Schinrikyo en el metro de Tokyo con gas sarín, provocando 12 muertos y alrededor de 5 mil heridos en marzo de 1995.

Los inicios de esta secta, cuyo nombre significa Verdad Suprema, hay que buscarlos en 1987 en Japón, aunque no fueron reconocidos como organización religiosa hasta 1989.

En 1994 empiezan sus actos terroristas de más intensidad cuando algunos de sus miembros liberan gas sarín en la ciudad de Matsumoto con el resultado de tres muertos.

Pero el golpe que perpetran con éxito relativo es el ocurrido en marzo de 1995, por entonces la secta ya contaba con 9000 miembros en Japón y más de 40000 seguidores en todo el mundo. Cinco de los discípulos de la Verdad Suprema reparten por los vagones del metro de Tokyo bolsas transparentes de plástico que contienen gas sarín en estado líquido, perforándolas con la punta de un paraguas justo antes de abandonar el metro.

Se detuvieron a decenas de miembros de esta secta, incluyendo a su líder Shocko Ashama. Entre los registros a sus sedes encontraron un helicóptero de origen ruso que se cree iba a servir para difuminar gas sarín toda la ciudad.

En el año 2000 esta secta cambió de nombre, denominándose ahora Aleph. Quieren limpiar su imagen renegando de su pasado y condenando cada año los atentados perpetrados en el pasado. Aún así las autoridades japonesas la siguen considerando como una organización peligrosa.

Uno de los últimos ejemplos de utilización de armas químicas se ha visto en la guerra de Siria en abril de 2017 donde aproximadamente un centenar de personas murieron en un ataque al noroeste del país. Las imágenes y testimonios convencen a expertos y autoridades de que se produjo un ataque con armas químicas muy probablemente con gas sarín o con cloro. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos culpó al régimen sirio del ataque apoyado por Rusia. EE.UU hizo lo mismo y como represalia bombardeó la base desde donde supuestamente estaban guardadas las armas químicas.

A este respecto Donald Trump, presidente de los EE.UU, dijo que se trataba de un crimen de guerra que no puede ser ignorado y que habría que adoptar una postura más dura con el régimen de Bashar al-Assad.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas intentó culpar a Damasco, pero el veto ruso se lo impidió.

Previamente, investigaciones en las que participó Naciones Unidas concluyó que las fuerzas gubernamentales sirias habían usado cloro al menos tres veces entre 2014 y 2015, pero también encontraron pruebas de que los terroristas del autoproclamado Estado Islámico usaron armas NBQR, en concreto gas mostaza.

Ante este hecho, recordamos como apunte menor (por no haber causado víctimas mortales), el ataque que el Estado Islámico realizó en 2016 en una base estadounidense de Quyara en Irak con un proyectil equipado con gas mostaza. A este hecho se le puede sumar la crisis que hubo en occidente con los sobres que contenían ántrax en el año 2001; el arresto de siete terroristas por parte de la policía británica al encontrar ricino en uno de sus apartamentos o la captura en Francia en octubre de 2009 de un ingeniero nuclear próximo al yihadismo de Al Qaeda del Magreb Islámico

Uno de los riesgos que Occidente debe contemplar es la posibilidad de que algunas de las personas que aprendieron a fabricar gas mostaza o cualquier otro tipo de arma química o biológica, o del tipo NBQR, perteneciente al autoproclamado Estado islámico regrese o vaya a Europa o América con el propósito firme de atentar con estas armas.

No parece probable que fuera de Siria se llegue al uso de este tipo de armas por las razones ya vistas al principio de este artículo y que resumimos en una logística difícil de mantener en Occidente sin que se pueda levantar un mínimo de sospechas. El riesgo es muy elevado, máxime cuando con un camión o un cuchillo son capaces de garantizar una elevada alarma social.

No obstante, como arma propagandística, es un éxito, el hecho de crear alarma social es fundamental en los grupos terroristas y por lo tanto la vulnerabilidad política creada por esta situación facilita la amplificación mediática de lo que pueden hacer este tipo de armas. Ben Laden publicitó con notoriedad sus intenciones de querer apropiarse de armas NBQR para alcanzar sus fines. Como ejemplo, los intentos de Al Qaeda de adquirir uranio en Sudán en 1993 y 1994, o las reuniones de Ben Laden y al-Zawahiri con científicos nucleares paquistaníes en 2001. El ISIS, sin embargo, sí ha empleado este tipo de armas en Siria.

Pero, ¿qué pasaría si el uso de armas químicas o biológicas se usan para ataques selectivos? Que las posibilidades de éxito aumentarían.

La intencionalidad en el uso de este tipo armas NBQR se puede clasificar en:

  • Espiritual.
  • Política.
  • Criminal.
  • Económica.

La intencionalidad espiritual, no hace más que referencia a la utilización de este tipo de armas por parte de organizaciones o líderes que de una manera extrema perpetran atentados terroristas con una fuerte connotación religiosa como justificación del mismo. Los casos de la secta japonesa Verdad Suprema o los actos terroristas del Estado Islámico, ya vistos aquí son claro ejemplo de ello.

La intencionalidad política de atentar con armas químicas o biológicas no busca otra cosa que la supremacía política y por lo tanto una ventaja social frente a la vulnerabilidad política de las instituciones.

Una intencionalidad criminal es muy característica en la ejecución de atentados selectivos, por ejemplo en disidentes políticos. Es el caso de lo ocurrido en el aeropuerto de Kuala Lumpur con el hermano del líder norcoreano Kim Jong-un, donde dos mujeres le embadurnaron la cara por sorpresa con un agente nervioso VX (considerado por Naciones Unidas como arma de destrucción masiva) presuntamente por orden de agentes de Corea del Norte, provocándole la muerte.

También puede ser usado de modo pasional. Es el caso de lo ocurrido con un hombre de 55 años de nacionalidad alemana que envenenó y amenazó con seguir haciéndolo, comida para bebés en diferentes supermercados del país si no recibía una cantidad económica determinada (el envenenamiento de por sí, no es considerado generalmente como un arma de destrucción masiva, pero en este caso tiene características semejantes).

Esto último nos lleva a la intencionalidad económica, que como su nombre indica, busca un beneficio económico en el uso de estas armas en acciones de sabotaje o de soborno. No obstante ninguna de estas intencionalidades son incompatibles unas con otras y la frontera entre una u otra puede ser muy difusa.

Con todo lo dicho, en la génesis del problema planteado hay que determinar las posibilidades de producir un agente biológico por parte de organizaciones terroristas. Es decir, tratar de averiguar la capacidad operacional de diseminación de los posibles agentes biológicos como también la disposición de la capacidad técnica y científica necesaria para la producción, almacenamiento y mantenimiento. Por todo ello se hace mucho más sencillo en relación al desarrollo de un proyecto de esta envergadura, la utilización de agentes biológicos vivos en lugar de metabolizar toxinas que requieren un proceso más complejo.

Mucho más fácil se hace el análisis de la utilización de un arma nuclear por parte de un grupo terrorista. Considerando en este aspecto:

  • La detonación de un arma nuclear obtenida en los arsenales nucleares de los estados que la poseen.
  • La fabricación de un artefacto nuclear improvisado IND (Improvised Nuclear Device) por una organización no estatal.

Y hay que considerar la amenaza nuclear como la más destructiva a la que se puede enfrentar un estado.

La adquisición de armas nucleares por parte de un grupo terrorista puede ser a partir de la compra, el robo o el suministro por parte de un estado nuclear, o también por la recuperación de una cabeza nuclear perdida. Este último caso aplicaría a las armas tácticas tipo bombas aéreas que albergasen alguna cabeza nuclear y se perdiesen, por ejemplo en un accidente aéreo, y de ningún modo centra la amenaza en las armas estratégicas como los misiles del tipo ICBM cuya localización es constante y está asegurada.

El robo de un arma nuclear de un país que posea armas nucleares es francamente difícil, casi imposible, sin el casi, según qué casos.

Primeramente el robo debería hacerse en territorio nacional del país que posea el arma, con toda la logística, anterior y posterior, para mantener el secreto y el arma escondida. Los silos de misiles nucleares son imposibles para la consecución del éxito de un robo de estas características. La única posibilidad remota sería durante el transporte donde las medidas de seguridad son extremas e incluso se han reforzado en los últimos años.

La compra de una cabeza nuclear involucra a dos partes, un comprador y un vendedor. En este caso la discreción puede ser fácilmente vulnerada, pues su trazabilidad es más fácil de constatar, por no decir nada de que el vendedor ha de suministrar el arma nuclear de algún estado nuclear y el precio de esta operación se intuye muy, muy caro, con muy pocas posibilidades de que alguien pueda pagarlo.

Con todo lo visto, el robo es la única opción con alguna garantía de éxito, especialmente en arsenales localizados en Pakistán o la India, aunque la envergadura del robo lo hace muy difícil, incluso en estos casos, además de tener en cuenta toda la logística posterior para el aseguramiento del éxito, aún con todo, haría falta una cosa más. Se necesitarían los códigos de activación PAL (Permition Activation Locks) para poder detonar el arma.

Aún quedaría otra posibilidad. La colaboración de un país nuclear con una organización terrorista que le pueda suministrar un arma nuclear para hacer frente a un enemigo común. Los ojos están puestos en este caso en Irán y Corea del Norte. Aunque con cautela, se puede decir que no se ha llegado a esta situación, sin embargo en función de los acontecimientos venideros no es algo descartable del todo.

De las diferentes bombas nucleares existentes, parece que sólo la de fisión estaría hipotéticamente al alcance de una organización terrorista, es decir, aquellas que necesitan uranio enriquecido o plutonio.

De no conseguirla por los medios ya analizados les quedaría la opción de su fabricación. La fabricación de un artefacto nuclear improvisado con la adquisición de uranio enriquecido suficiente como para alcanzar una masa crítica, algo, que es del todo altamente complejo.

La seguridad de los arsenales militares de uranio enriquecido en el mundo están lo suficientemente bien protegidos como para disuadir a cualquier organización terrorista del intento de un robo. El riesgo mayor se encontraría en arsenales civiles destinados a la investigación y a la energía y aún teniendo éxito este uranio con fines civiles necesitaría de más enriquecimiento para poder llegar a conformar un arma nuclear.

Si de algún modo los terroristas tienen éxito y consiguen el uranio enriquecido suficiente, necesitarán de toda una infraestructura y conocimientos para desarrollar el arma.

Como se ha visto, el proceso de fabricación o el de adquisición de un arma de destrucción masiva es altamente complejo, especialmente por la concatenación de condiciones, a tener en cuenta, necesarias para el éxito de perpetrar un ataque terrorista con este tipo de armas. Además de conseguir la tecnología; la logística y el transporte, el mantenimiento del secreto en cada una de las fases del proyecto de adquisición de un arma NBQR es esencial.

La pregunta adecuada que cabe hacerse es que si Al Qaeda atentó en 2001 con dos aviones de líneas aéreas comerciales y el Estado Islámico masacra minorías cristianas degollándolas, además de causar el pánico en Europa con cuchillos y camiones, ¿Necesitan de armas de destrucción masiva para perpetrar el terror?