NUEVOS ENEMIGOS. NUEVAS ESTRATEGIAS.

Ante nuevos enemigos, nuevas estrategias. El concepto de conducción de operaciones, que proporcionaba flexibilidad y movilidad y que deriva de la estrategia de la Fuerza Operativa Conjunta Combinada es aceptado en la cumbre de Bruselas de 1994.

En 1997, en la cumbre de Madrid se insiste en la interoperabilidad, el sostenimiento y en las fuerzas multinacionales. Se pretende allanar el camino para la entrada del siglo XXI. Se intensifican las relaciones con países miembros del extinto Pacto de Varsovia y se firma la carta fundacional OTAN-Rusia.

En 1999, coincidiendo con el 50 aniversario de la fundación de la Alianza en Washington se actualiza el concepto estratégico sin suponer un cambio radical con el anterior.

Defensa Colectiva

Se trata de la Defensa Colectiva. Se mantienen las relaciones transatlánticas y las tareas fundamentales de seguridad, pero se elimina el obsoleto concepto del equilibrio estratégico en Europa. La gestión de la crisis se hará caso por caso y en asociación con otros países.

El nuevo concepto estratégico deja indefinida el área de actuación, pero por otro lado se reconoce a la ONU como entidad crucial en la seguridad y estabilidad euroatlántica. Sin embargo y tal como recuerda el Tratado de Washington, será en el seno de la Alianza donde se consultará a los aliados para acordar las políticas relativas a la seguridad y defensa de sus miembros.

Los puntos clave a los que se enfrenta la OTAN con el nuevo concepto de estrategia, cada vez más genérico y difuso se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Vínculo transatlántico, la seguridad de Europa no puede desvincularse de la de Norteamérica.
  • Mantenimiento y modernización. Disuasión, defensa colectiva y capacidad de respuesta ante una crisis.
  • Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD) para apoyar las operaciones lideradas por la UE.
  • Prevención de conflictos.
  • Ampliación de aliados.
  • Control de armamento, desarme y no proliferación.

Defensa Inteligente

En la actualidad el concepto que prima en la OTAN y que está en pleno proceso de adaptación y de cambios constantes es el concepto estratégico de la Defensa Inteligente (Smart Defence): compartir capacidades, establecer prioridades y coordinar mejor los esfuerzos, son partes esenciales de este concepto.

La Defensa Inteligente tiene cabida actualmente debido a la crisis económica que azota al mundo desde el 2008. La mayor crisis económica que sufre Europa desde la Segunda Guerra Mundial y como es natural repercute necesariamente en los recortes que hacen los gobiernos incluyendo sus gastos en defensa, haciendo que la Defensa Inteligente tenga más sentido que nunca.

La Defensa Inteligente se basa en áreas de capacidad establecidas en la cumbre de la OTAN que se produjo en Lisboa en el año 2010. Misiles balísticos de defensa; inteligencia, vigilancia y reconocimiento; capacitación y preparación de las fuerzas; participación efectiva y protección a la fuerza son los puntos clave de este nuevo concepto de estrategia.

La cumbre de Lisboa enumera las amenazas y los nuevos riesgos a los que la Alianza tiene que hacer frente:

  • Terrorismo.
  • Inestabilidad internacional.
  • Tráfico de armas, drogas y seres humanos.
  • Ataques en el espacio cibernético y líneas de comunicación.
  • Ataques a infraestructuras críticas.

La cumbre de Lisboa recoge también algunos factores novedosos que pueden afectar al nuevo concepto de estrategia, como podrían ser los cambios tecnológicos, la escasez de recursos, riesgos sanitarios y medioambientales.

En su huida del concepto estratégico de Defensa Estática en territorios, la OTAN sigue avanzando hacia una defensa cada vez más global siendo ahora el nuevo perfil de la OTAN hacer frente a “cualquier amenaza que afecte a la seguridad y protección de nuestras poblaciones”.

A raíz del nuevo concepto de estrategia adoptado, las nuevas funciones de la OTAN son tres fundamentalmente:

  • Defensa colectiva.
  • Gestión de crisis.
  • Seguridad cooperativa.

La Defensa colectiva no es más que un guiño al pasado y se mantiene por una posible agresión armada prevista en el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, pero se amplía su concepto debido a la preocupación de los socios de Europa Central y Europa del Este por posibles acciones rusas (preocupaciones con fundamento).

La gestión de crisis en la Alianza siempre ha contado con instrumentos políticos y militares y ahora se hace patente la necesidad de disponer de instrumentos civiles, dando lugar a una gestión integral de la crisis promoviendo una coordinación con terceros y también con la posibilidad de combinar las capacidades civiles y militares de la propia Organización. Esta actualización en cuanto a la gestión de la crisis, proporciona a la Alianza la capacidad de gestionar crisis  cuyas dimensiones son de una envergadura tal, que van más allá de lo puramente militar. La OTAN, con el nuevo modelo adoptado en Lisboa, puede intervenir en cualquier crisis que afecte a la seguridad euroatlántica (población y territorios), en cualquier lugar y en cualquier momento, antes, durante y después de los conflictos. Las lecciones aprendidas en los Balcanes y en Afganistán ponen de manifiesto que la capacidad de gestión debe ir a más.

La seguridad cooperativa engloba tres conceptos:

  • Control de armamento, desarme y no proliferación.
  • Ampliación.
  • Asociación (partnerships).

El primero de estos conceptos es liderado por EE.UU que junto con Rusia comparten el proceso de desarme nuclear. Pese a que hay un proceso abierto de desarme nuclear, hasta que este no concluya con la totalidad de las armas nucleares, se seguirá contando en la OTAN con armas nucleares y doctrinas nucleares como herramientas para mantener la seguridad y estabilidad internacional.

El nuevo concepto de ampliación reafirma el compromiso de puertas abiertas a nuevos socios pese a las reticencias de Rusia. Sin embargo el texto es lo suficientemente ambiguo como para poder cerrar la ampliación de manera definitiva como todo lo contrario, seguir ampliándola.

El concepto de partnership no deja de ser una posición intermedia con respecto al punto anterior en el que se permite a cualquier organismo internacional o a cualquier nación a colaborar en materia de seguridad con la OTAN.

A efectos de lo que significa la Defensa Inteligente, las naciones integrantes tendrán que hacer mayores esfuerzos en aquellos aspectos y capacidades que la OTAN requiera como primordiales. Se busca una especialización en lo que mejor saben hacer. Se buscan soluciones multinacionales para problemas comunes intentando que la OTAN actúe como mero intermediario, evitando riesgos y mayores costes.

La nueva colaboración a la que se hace referencia puede adoptar diferentes formas como por ejemplo la de un conjunto de naciones lideradas por una nación marco. Así pues, la priorización, la especialización y la cooperación son la columna vertebral de este nuevo concepto de estrategia.

Guerra contra el terrorismo

La guerra contra el terrorismo es una prioridad para la OTAN. Tras asumir el nuevo concepto estratégico de Defensa Inteligente, se establece el terrorismo como uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta la Alianza y representa una seria amenaza para la seguridad y defensa de los países miembros.

El terrorismo es una amenaza global, no conoce de fronteras, de nacionalidades ni de religiones. Desde el ataque perpetrado por el terrorismo islámico el 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas en EE.UU, la OTAN ha participado activamente en la lucha contra el terrorismo. En respuesta a este ataque, la Alianza invocó al artículo quinto del Tratado por vez primera desde su creación (y lo hizo en menos de 24 horas).

Debido al carácter poliédrico del término internacional, la OTAN se involucra en una serie de iniciativas de índole política, operativa y conceptual, militar, tecnológico y científico para poder hacer frente a la nueva amenaza de la manera más efectiva posible. Este compromiso se materializa con la creación de la División de Desafíos de Seguridad Emergentes en la misma sede de la OTAN en agosto de 2010 para hacer frente a todos los riesgos y desafíos no tradicionales, incluido por supuesto el terrorismo.

Entre las medidas que se adoptan tras el 11-S para combatir el terrorismo se encuentran:

  • Mayor intercambio de inteligencia sobre terrorismo.
  • Ayuda a los aliados y a terceros países que vieran aumentado el riesgo de sufrir ataques terroristas como consecuencia de su apoyo a la campaña antiterrorista.
  • Incremento de seguridad en las instalaciones de la OTAN.
  • Autorización de sobrevuelo de aviones militares para operaciones antiterroristas.
  • Reposición de ciertos activos de la alianza.
  • Despliegue de las fuerzas navales de la Alianza en el Mediterráneo.
  • Acceso por parte de la OTAN a puertos y aeropuertos para realizar misiones contra el terrorismo.
  • Utilización de aviones AWACS.

Ciberdefensa

La creciente y constante modernización informática hace que los ataques cibernéticos a la OTAN sean cada vez también más sofisticados. Tras la cumbre de Lisboa de 2010, la Organización ha tomado la defensa de sus comunicaciones, de los canales de información y de la protección de la información como una tarea urgente en la que adoptar nuevas medidas de defensa.

En febrero de 2012 se aprobó una partida de 58 millones de euros para la creación del Órgano de Capacidad de Respuesta de Incidentes Cibernéticos de la OTAN (NCIRC) como la creación de nuevos protocolos de actuación para una mejora eficaz de las comunicaciones.

La protección de las comunicaciones y de los sistemas de información tiene eco por primera vez en una cumbre, la de Praga en 2002, y es entonces cuando la defensa cibernética se encuadra dentro de las políticas de la Alianza.

En abril y mayo de 2007 en Estonia, se producen ataques cibernéticos en instituciones públicas y privadas y se insta a la OTAN a tomar medidas más serias ante este tipo de ataques.

Desde estos ataques en Estonia, las amenazas cibernéticas han ido creciendo en modernización y sofisticación, constatando de esta manera que tienen potencial más que suficiente para convertirse en un componente importante en el desarrollo de conflictos como se puso de manifiesto en la guerra de Georgia en el verano de 2008.

Los ataques cibernéticos constituyen una amenaza para la Alianza Atlántica y por eso tras la cumbre de Lisboa de 2010 se desarrolló un programa para implementar nuevos esfuerzos en defensa cibernética y que abarque no sólo la sede de la OTAN sino toda la OTAN como institución.

Entre las principales actividades enmarcadas en las nuevas políticas de defensa cibernética se encuentran:

  • Coordinación y asesoramiento en la defensa cibernética.
  • Asistencia individual a los aliados.
  • Investigación y formación.
  • Cooperación con los diferentes socios.

La coordinación y asesoramiento en la defensa cibernética la llevan a cabo las autoridades políticas, militares y los técnicos de la OTAN, como también los aliados de manera individual.

El Consejo del Atlántico Norte es quien proporciona la supervisión política de alto nivel en todos los aspectos. El Consejo tendrá que ser informado de los incidentes o ataques cibernéticos más importantes, así como de la respuesta y de la gestión de crisis.

La política de defensa y el comité de planificación proporcionan supervisión y asesoramiento a los aliados. A nivel de trabajo, el Consejo de Administración de la Ciberdefensa de la OTAN (CDMB) es el encargado de coordinar la defensa cibernética en toda la OTAN en su conjunto así como también en sus organismos asociados. La CDMB se encuadra dentro de la División de Desafíos de Seguridad Emergentes en la sede de la OTAN.

Antes de los ataques cibernéticos contra Estonia, los esfuerzos en ciberdefensa iban destinados a la protección de los sistemas de comunicación propios de la Alianza. Como resultado de estos ataques la OTAN tuvo que ampliar su concepto de seguridad cibernética e involucrar a todos sus aliados. Cada aliado a partir de ahora, será responsable de la defensa cibernética de manera individual y mantener el control de las comunicaciones de todo el organismo OTAN.

Los aliados, no obstante, podrán recurrir a la ayuda de la alianza por medio de los equipos de reacción rápida. Los aliados como responsables de la seguridad cibernética necesitan junto con la OTAN de una infraestructura fiable y segura de apoyo.

La investigación y formación se lleva a cabo de acuerdo con la política revisada de la OTAN en las escuelas existentes y en el Centro de Defensa Cibernética de Tallin, Estonia. En este centro se lleva a cabo la investigación y formación sobre defensa cibernética.

Como las amenazas informáticas no conocen de fronteras estatales, es muy importante contar con el apoyo y la cooperación de los diferentes socios.

Defensa Aérea Integrada de Misiles

La Defensa Aérea Integrada de Misiles, se refiere, según la filosofía del nuevo concepto de estrategia, a las capacidades y operaciones de todos los servicios necesarios para defender todo el territorio de la Alianza, a toda su población y a las fuerzas aliadas. Se trata de garantizar la libre acción de la OTAN incapacitando al enemigo para lograr sus efectos adversos por medio de misiles.

Esta nueva acción comprende una red de sistemas interconectados para detectar, rastrear y controlar los objetos en el aire, y si es necesario, para interceptarlos utilizando sistemas de armas basadas en superficie o aéreas.

El Sistema Integrado de Defensa Aérea de la OTAN (NATINADS), antes de convertirse en el Sistema de Defensa Antimisiles, comprende las instalaciones de sensores, mando y control y sistemas de armas de superficie para la defensa aérea y aviones de combate. Estos sistemas están bajo el mando operacional del comandante supremo aliado en Europa.

La Defensa Aérea Integrada de  Misiles es la piedra angular de la política aérea de la OTAN y de la Defensa de Misiles, además de hacer una visible cohesión entre aliados y de compartir responsabilidades y solidaridad a través de la Alianza.

Esta nueva política incluye misiones en tiempos de paz y evitar que haya violaciones del espacio aéreo usando para ello los procedimientos acordados dentro de la Alianza. Para llevar a cabo estas misiones se necesitan de un sistema de mando y control C2 (del que ya hemos hablado en artículos anteriores). Si alguna nación aliada está en desventaja y no puede proporcionar los efectivos necesarios, el comandante supremo aliado en Europa se encargará de proporcionarle ayuda a través de otros países miembros de la Alianza.

La Defensa Aérea Integrada de Misiles incluye la defensa contra misiles balísticos, desarrollándose su primera fase tras el Tratado de Lisboa de 2010.

Se trata no sólo de defender y proteger a las fuerzas de intervención de la OTAN sino de incluir también bajo el escudo protector el territorio europeo incluido en la OTAN y a sus poblaciones.

Continuará…