DESCRIPCIÓN DE LOS HECHOS ACAECIDOS EN EL ESTE DE EUROPA; REMINISCENCIAS DE LA GUERRA FRÍA; ACOSTUMBRÁNDONOS A LA INESTABILIDAD COMO NORMA.

“Hace un año no podía haber imaginado que en el otoño de 2014 […], veinte años después del final de la Guerra Fría, el miedo a una guerra pudiera volver a Europa y que se pudieran cuestionar de nuevo principios que hemos llegado a aceptar como evidentes”.

Son palabras del presidente del parlamento europeo, Martin Schulz en la Conferencia de Estrategia Europea en Yalta en relación con los convulsos acontecimientos acaecidos en Ucrania y que abren, y aún hoy permanece abierta, la puerta a un nuevo conflicto entre Europa y Rusia y que trae al recuerdo aires fríos de guerras pasadas.

Ucrania demarca la frontera este de Europa. Más allá, la Federación Rusa. Ucrania representaba el frágil equilibrio entre dos bloques que en apariencia había desaparecido con la caída del Muro de Berlín y que acabó por determinar que aún existían de manera latente. Hoy existen sin ningún género de dudas.

Ucrania era el equilibrio entre dos bloques que proporcionaba estabilidad, frágil, pero estabilidad al fin. Pese a la falsa promesa que la OTAN le hizo a Gorvachov de no ampliar la Alianza hacia el este, Ucrania siempre fue vista, tanto por occidente como por los rusos, como intocable y se acreditaban tanto unos como otros sabedores de que el manoseo a la exrepública soviética traería consecuencias.

El 21 de noviembre de 2013 tiene lugar en Kiev las primeras manifestaciones y reacciones de índole europeísta debido a la suspensión de la firma del acuerdo de asociación de libre comercio entre Ucrania y la UE y que por supuesto Rusia no veía con buenos ojos y que debía escenificarse el 28 y 29 de noviembre.

Imaginando, casi dando por hecho, que unos y otros y terceros en discordia, torpedearon y manejaron los hilos en función de los intereses de cada cual para ver hasta donde podían tensar la cuerda, el presidente ucraniano Yanukovich hizo lo propio protagonizando una mala gestión de su gobierno.

Yanukovich no quería romper los acuerdos con la UE, sólo quería retrasar la firma para beneficio de sus intereses a saber: quería en primer lugar mejorar las condiciones impuestas por la UE, entre ellas, se encontraba la condición de liberar a Yulia Timoshenko condenada a 7 años de prisión por firmar acuerdos de importación de gas ruso aplicando aranceles excesivamente elevados. Por otro lado, quería mantener la simpatía rusa de la que gozaba su gobierno aparentando dar largas a Europa, y por último, quería acercar lo más posible la firma con Europa a unas fechas próximas a las elecciones nacionales en el 2014 para beneficiarse de la propaganda de haber conseguido un mejor acuerdo con Europa.

Nada más lejos de la realidad, la cuerda se rompió y el 24 de noviembre de 2014 los manifestantes proeuropeos en Ucrania adquieren tal magnitud que son comparados con el movimiento de la Primavera Árabe o el 15M en España, asegurando que tanta profusión y efectividad en el llamamiento es consecuencia de la espontaneidad de las redes sociales. También llegan a tener un nombre reconocible, Euromaidán.

La UE tampoco estuvo acertada, o dicho de otro modo, actuó como siempre. En un contexto de recesión económica, austeridad y problemas internos, la Europa de los 28, ahora de los 27, sabía que no podía ofrecer a Ucrania un acuerdo de integración y sabía lo que suponía romper el statu quo con Rusia respecto a lo tocante con Ucrania. Aún con todo se propuso seducir a Ucrania. El objetivo oficial: la reciprocidad en las relaciones comerciales entre Ucrania y Europa y que Ucrania se favorezca del mercado común europeo. La realidad, o una de ellas, a mi juicio, la energía, el gas natural y la posibilidad de nuevas rutas de transporte entre Asia y Europa por suelo ucraniano en vez de ruso con una Ucrania unida a Europa mediante un mercado común.

EE.UU no se involucró demasiado, pero sí se sumó a las sanciones impuestas por la UE a Rusia. Siguiendo la política tradicional de un presidente estadounidense en su segundo mandato no involucrándose en conflictos con difícil perspectiva de éxito y poco rédito político, donde no se juega nada, excepto la honra, en el caso de participar de lleno. Pero no es esa la única razón. EE.UU no se fía de una gestión de crisis internacional liderada por una UE con una postura nula en la política exterior, siendo más bien la expresión de 28 miembros y no una única postura común.

EE.UU ya visualizó esta dinámica de gestión de crisis de la Unión Europea durante la “Primavera Árabe” y las revueltas acaecidas en el norte de África.

Rusia sin embargo recoge las ganancias del río revuelto. Se posiciona a favor del gobierno de Yanukovich. Tras la radicalización de las protestas y la inestabilidad del país el gobierno cae y Yanukovich huye a Rusia el 22 de febrero de 2014. Rusia apoyará militarmente a las milicias rebeldes ucranianas. Incluso despliega militares rusos en Crimea con la excusa de garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

El 16 de marzo de 2014 se lleva a cabo un referéndum de independencia en Crimea con un resultado a favor del 97% de los votos. Lujansk, Donetsk y Jakov se declaran repúblicas independientes. El 17 de marzo, Crimea se proclama independiente y solicita unirse a Rusia, adoptar el rublo como moneda oficial y también la hora de Moscú.

Ucrania, EE.UU y la UE no lo reconocen.

“No necesitamos una autorización de la OTAN y de la UE para actuar de conformidad con el derecho internacional. El referéndum de Crimea ha sido completamente legítimo. Considero que la Alianza, que se autodenomina club de estados democráticos debería reconocer este hecho y la elección democrática del pueblo de Crimea”.

Son las palabras de Alexander Grushkov representante permanente de la Federación Rusa en la OTAN.

Siguiendo este hilo argumental, las palabras del ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguei Lavrov:

“Crimea tiene un significado inconmensurablemente mayor para Rusia que las islas Comoras para Francia o las Malvinas para Gran Bretaña”.

Putin diría:

“Rusia no podía ignorar la petición de ayuda de Crimea, lo contrario sería una traición”.

El 25 de abril de 2014 los separatistas prorrusos  secuestran a tres miembros observadores militares de la OSCE en la localidad de Sloviansk. Pero los acontecimientos se precipitan con el derribo del avión comercial de Malasya Air Lines MH17 que cubría la ruta Amsterdan-Kuala Lumpur por rebeldes separatistas con un misil tierra-aire de origen soviético el 7 de julio de 2014 en la región de Donetsk a 40 km de la frontera rusa.

El día anterior los ucranianos perdieron una aeronave militar de apoyo aéreo Su-25 “Frogfoot” y tres días antes un avión de transporte militar An-26. Todo ello supuso la cancelación del espacio aéreo ucraniano y sanciones más severas para Rusia y que los rusos enseguida replicarían a occidente.

Ante la respuesta tibia de la UE de todo lo que estaba pasando, la OTAN planea una fuerza de respuesta rápida para proteger a sus miembros en la frontera este de Europa y el 1 de septiembre de 2014 la OTAN garantiza la seguridad a todos los miembros de la Alianza. Al tiempo, Obama visita Estonia y Francia congela la entrega de dos buques de la clase Mistral a la marina rusa.

La cumbre de Gales llevada a cabo en 2014 abordaría el problema de Ucrania, dando por hecho un aumento de la actividad militar y de la beligerancia contra Rusia.

En palabras del secretario general de la OTAN:

“En este mundo peligroso reconocemos que necesitamos más esfuerzo y dinero, así que hoy la Alianza hizo un compromiso con la inversión en Defensa”.

Que fue el otro punto a tener en cuenta en la Conferencia de Gales. El compromiso de los socios a contribuir con al menos el 2% del PIB en Defensa, cifra muy recurrente, pero que no siempre fue y es alcanzada por muchos de sus miembros.

Entre los puntos de la declaración concernientes al conflicto en Ucrania se pueden destacar los siguientes:

  • “Las agresiones de Rusia contra Ucrania desafían nuestra visión de un conjunto europeo, libre y en paz […] así como las amenazas transnacionales y multidimensionales, también desafían nuestra seguridad. Todas ellas pueden tener consecuencias a largo plazo para la paz y la seguridad en la región euroatlántica y la estabilidad en todo el mundo”.
  • “Nuestra Alianza sigue siendo una fuente esencial de estabilidad en este mundo […]. La OTAN sigue siendo el marco transatlántico para una fuerte defensa colectiva y el foro esencial para las consultas y decisiones de seguridad entre los aliados […]. La mayor responsabilidad de la Alianza es proteger y defender nuestros territorios y nuestras poblaciones contra los ataques […]”.
  • “Hoy reafirmamos nuestro compromiso de cumplir con las tres tareas centrales establecidas en nuestro concepto estratégico: Defensa Colectiva, Gestión de Crisis y Seguridad Cooperativa”.

El secretario general de la OTAN a propósito de esto dice:

“Con las decisiones que tomamos aquí en Gales, la OTAN seguirá siendo la base de nuestra defensa colectiva”.

Para desarrollar todo esto con la mente fijada en el este de Europa, la OTAN aprueba el NATO Readiness Action Plan, que responde al desafío de Rusia y sus implicaciones estratégicas, fortaleciendo, como dice el secretario general la Defensa Colectiva y la capacidad de Gestión de Crisis.

Estas medidas comprometidas por la OTAN incluyen una presencia continua aérea, terrestre y marítima en la zona oriental de la Alianza y tienen como objetivo el aseguramiento y la disuasión a partir de una respuesta flexible en función de la evolución del conflicto.

Al hilo de lo anterior se establece una fuerza conjunta, Very High Readiness Joint Task Force (VJTF) para poder ser desplegada en la periferia de la OTAN, además se establece un mando y control de base rotativa y unos facilitadores de Fuerza por parte de los territorios aliados del este.

De manera más directa la OTAN se dirige a Rusia en los siguientes términos:

“Consideramos en los términos más enérgicos la escalada e intervención militar ilegal de Rusia en Ucrania y exigimos que Rusia retire sus tropas de Ucrania […]. Esta violación de soberanía e integridad es un gran desafío para la seguridad euroatlántica. No reconocemos ni reconoceremos la ilegítima «anexión» de Crimea por parte de Rusia […] exigimos que Rusia cumpla con el derecho internacional y sus obligaciones y responsabilidades internacionales […].”

En el año 2015 la Flota rusa del mar Negro recibió más de 200 unidades de armas y equipos militares nuevos, 40 buques y más de 30 aviones militares.

Entre los buques destinados al mar Negro, mención particular hay que hacer de los 6 submarinos del proyecto modernizado 636.6 Varshavianka. Sobretodo después de que el segundo de la serie, el Rostov del Don, hubiese disparado misiles de crucero Kalibr y alcanzado con éxito posiciones del autodenominado Estado islámico en Siria.

También en el 2015 la Flota del mar Negro obtuvo dos buques portamisiles del proyecto 21631 Buyan-M, además de otros cuatro que se encuentran en construcción.

Crimea se reforzó con misiles S-400 Triunf, el sistema de defensa antiaérea Pantsir-s y cazas rusos Su-30SM.

A finales de 2015, el aeropuerto de Donetsk es tomado por los rebeldes después de 242 días de contienda. Dieciséis soldados ucranianos son capturados y 30 civiles mueren.

El incremento de unidades de la armada rusa en el mar Negro es una constante. Durante el 2016 llegaron a la zona los buques de la clase Almirante y de los que Rusia pretende contar con 20  o 30 de estas unidades en el 2017. Durante el segundo trimestre del año 2016 la aviación naval rusa del mar Negro recibió 4 cazas más.

Sin olvidarnos del portaaviones ruso Kuznetsov, no por ser de lo mejor que tiene Rusia, sino porque es el único que tiene y fue mandado convenientemente al Mediterráneo para combatir al terrorismo islámico en Siria. Llama la atención que más de 50 buques de la OTAN escoltasen al portaaviones ruso durante toda su travesía.

En este clima de inestabilidad comienzan en octubre de 2015 las maniobras de la OTAN Trident Juncture en España, Italia y Portugal. Las más ambiciosas de la Alianza desde la Guerra Fría con la participación de más de 35 000 efectivos de más de 30 países diferentes por tierra, mar y aire.

Estos ejercicios discurren con el propósito obvio de ser una demostración de fuerza hacia Rusia (aunque no se diga) además de los convencionales:

  • Entrenamiento y experiencia.
  • Examen y validación de la estructura de la OTAN.
  • Interoperabilidad.
  • Mejorar la defensa.

No hay que olvidar el bochornoso incidente que sufrió la Alianza en 2014 cuando Suecia sufrió el ataque simulado de bombarderos rusos sobre Estocolmo y sin capacidad de reacción por parte de la Fuerza Aérea de Suecia, adquiriendo desde entonces las misiones de policía aérea en el Báltico otro cariz.

A propósito de lo ocurrido y en medio de la crisis de Crimea, EE.UU traslada 4 cazas F15 Eagle desde Reino Unido a Lituania haciendo un total de 8 cazas norteamericanos en misiones en el Báltico desde el Báltico. Se suman nuevos aliados y se refuerzan las bases repartidas también en Estonia y Polonia.

La OTAN registró durante el 2014 más de 100 incursiones aéreas de cazas rusos en el espacio aéreo europeo. Tres veces más que en el año 2013. La amenaza hoy sigue vigente.

En esta escalada de tensión, EE.UU envía 300 militares a Ucrania en abril de 2015 para entrenar a las fuerzas especiales de este país. Mientras tanto, el conflicto se recrudece en las inmediaciones del puerto estratégico de Mariupol y también los combates en los alrededores de Donetsk.

Año 2017. El sistema de misiles S-400 Triunf entra en servicio operacional en Crimea, mientras que la 51 División de Defensa Aérea de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, armadas con misiles S-300 y S-400 son desplegados también en Crimea.

La Alianza, en el marco desarrollado por la conferencia de Varsovia de julio de 2016 en el entorno de las nuevas NRF/VJTF que la OTAN adoptó en la Conferencia de Gales de 2014 decide enviar tropas a la frontera este de Europa, al Báltico. Cuatro batallones multinacionales agrupados en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia que estarán liderados por EE.UU, Canadá, Alemania y Reino Unido.

Y ahora, terreno desconocido. Sea lo que sea lo que pase, una cosa está clara, la estabilidad tardará en llegar.

Es muy posible que ante nuevos frentes de inestabilidad, agravamiento de la crisis Siria, tensiones en Turquía, nuevas amenazas terroristas, nuevos acontecimientos en el norte de África o divisiones en Europa tras las negociaciones del Brexit, el conflicto de Ucrania se cierre en falso con el peligro de que en algún momento reavive con más virulencia o incluso explote.

O puede que poco a poco la Alianza recupere posiciones. Empezó con una Fuerza Aérea en el Báltico, después tropas multinacionales con el despliegue de carros de combate en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, ¿Tal vez una agrupación naval en el mar Negro?

¿Y qué pasa con Rusia, aumentará sus efectivos? ¿Azuzará nuevas rebeliones a lo largo del este de Europa? ¿Cómo afectará a las relaciones EE.UU-Rusia ante nuevas amenazas en otros puntos conflictivos del mundo?

Una cosa está clara, no habrá estabilidad, al menos en el corto plazo y casi aseguraría que tampoco en el medio. Una inestabilidad euroasiática afecta además de a los protagonistas, de los que ya hemos hablado, a Asia, y Asia es China, y también afectaría a Oriente Medio ¿Qué tendrá que decir Irán ante este mapa geopolítico? Y luego está la ficha más vulnerable en este juego de la inestabilidad mundial: Turquía, nexo de unión entre el Mediterráneo, norte de África, Europa, Rusia, Oriente Medio y Asia. Si cae Turquía en el caos, habrá caos. Y ¿qué esperar en el caos? Eso nos quedará por averiguar.