CONVULSIÓN TURCA

La caída del Imperio Otomano supuso la secularización de Turquía, la laicidad del estado y un alejamiento de la esfera mahometana en pro de una búsqueda constante del abrazo europeo. Intenta Turquía hoy con ardid, un reconocimiento de Europa que no consiguió con siglos de batallas, conquistas y luchas lepantinas, ni aún por el gusto que Europa tiene por jugar a la pretensión de infundir ilusiones a unos turcos que empiezan a desesperar.

La secularización de Turquía, su laicidad y su apuesta prooccidental se ven amenazadas hacia una deriva  islámica dirigida por el gobierno de Erdogan que busca en la confusión internacional su beneficio personal.

Impacientes por una Unión Europea que no llega, Erdogan ha visto en la islamización una salida o una excusa para ejercer una presión interna e internacional para mantener latente una posible unión en Europa y que si no llega, arriesgar en el juego de las potencias en el tablero de Oriente Medio y el Mediterráneo oriental por una Turquía islámica para favorecerse más él que a Turquía.

El problema de la Unión de Turquía con la Unión Europea no es uno solo, ni siquiera uno solo fundamentalmente. Son muchos pequeños, varios grandes y algunos muy importantes. Uno de los que preocupa son sus fuerzas armadas, las más grandes de la cuenca mediterránea, su injerencia en la política, la promoción de sus mandos en función de afinidades políticas y la división actual entre los que están a favor de una islamización fomentada por Erdogan y los que aún propugnan que son los garantes de una Turquía laica y prooccidental herencia del siglo XX.

Turquía, desde la caída del imperio otomano ha impulsado una serie de reformas que le llevaron a cerrar escuelas coránicas, la sustitución del alfabeto árabe por el latino, la instauración del domingo como día de descanso, legalización del matrimonio civil… Las leyes se construyen en torno a la constitución suiza, el código penal italiano y las leyes de comercio alemanas.

Hoy el temor de unas fuerzas armadas descontroladas y divididas adquiere más relevancia si se quiere, no sólo por la incertidumbre internacional actual, en donde las fronteras turcas son preponderantes en el escenario geoestratégico, sino también por el intento frustrado del golpe de estado protagonizado por una parte del ejército descontento.

En 1980 se produce el tercer golpe de estado en Turquía debido al creciente fanatismo religioso que ponía en peligro la laicidad del estado y el modo occidental creado desde los años treinta. Los golpistas actuaron culpando del derribo de un avión turco a los griegos, azuzaron las revueltas en el Kurdistán y junto con la situación económica y política del país crearon una atmósfera creciente de malestar social.

El 15 de julio de 2016 tuvo lugar una intentona golpista para derrocar al gobierno actual de Turquía. Pero fijémonos en el año 2015. En el contexto de la guerra en Siria, Turquía derriba un caza ruso alegando que invadieron su espacio aéreo. Posteriormente se demostró que era falso. Involucra a la OTAN o a países miembros y coloca misiles PATRIOTS en la frontera con Siria por sentirse amenazada por el autoproclamado Estado Islámico, hecho que hace extensible contra el PKK kurdo. Aviones derribados e inestabilidad en el Kurdistán, más la situación internacional actual son semejanzas más que evidentes con lo ocurrido en los años 80 donde la amenaza del comunismo propició el fanatismo religioso, origen de las patentes divisiones en las fuerzas armadas turcas.

Las fronteras turcas con Irán e Iraq no ayudan a la calma internacional. La fuerte actividad rusa en el Mediterráneo oriental y en el mar Negro nos recuerda la crisis internacional en Ucrania, no cerrada por la incompetencia occidental. Y ahora también Siria. Todo, alrededor de Turquía.

Turquía acoge a más de dos millones de refugiados sirios, otros tanto Líbano y Jordania. En el 2015 se produce, de repente, la llegada masiva de refugiados sirios desde Turquía y el mar Egeo a Europa. Grecia, desbordada, es la antesala de una Europa que cierra las puertas de la solidaridad.

Erdogan, en su pulso cada vez menos disimulado con Europa, ha propiciado la construcción de mezquitas; fomentado el uso del velo islámico; ha restringido la venta de bebidas alcohólicas; aumentado el presupuesto de los “asuntos religiosos”; ha aumentado el número de escuelas islámicas dirigidas por suníes… Por otra parte ha restringido el poder del ejército que era casi ilimitado en Turquía. Un ejército que creció con una incipiente división interna a partir de los ochenta buscando el refugio en pro del islam para evitar la victoria del comunismo y donde antes era la institución garante del laicismo turco ahora es un gigante descontrolado y dividido y que por otra parte es el escollo principal por el que Turquía no verá, hoy por hoy, sus expectativas cumplidas de ingresar en la UE.

Erdogan aprovechando la inestabilidad, no sólo de su país sino de toda la zona, busca en la oposición del ejército hacia la islamización que él mismo encarna, una conspiración contra su persona y su gobierno, excusa que le sirve para purgar al ejército y deshacerse de los mandos no afines a su ideología, como ocurrió en 1980. Para ello se aferrará a todo tipo de artificios para ajusticiar con máxima dureza a todo aquel que le estorbe para la consecución de sus planes.

Y por cada escalón subido en este delirio sin que occidente haga nada, más burdas serán las excusas para acrecentar el hecho de que una Turquía islámica acabaría con el último bastión pacífico que se interpone entre Europa y el caos.