LA BATALLA DE NÖRDLINGEN

DE LOS HÉROES.

Cae Múnich en 1632…Y llegó el momento de luchar por la hegemonía de Europa, los modernos e imbatibles ejércitos suecos contra los temibles y legendarios Tercios españoles. La ruta conocida como El Camino Español está amenazada.

La loma de Alburch, aquel que la tenga en su poder tendrá la victoria. Los “desarrapados soldados” de un imperio en decadencia, como nos llamaban los suecos, nosotros vaya, los españoles, la perdimos. Pero dispuestos a recuperarla los tercios formaron en orden de batalla: en primera línea regimientos alemanes y el temido tercio italiano de Toralto. En segunda línea el Tercio español de Idiáquez.

La embestida de los suecos a la primera línea del Imperio fue tal, que produjo la desbandada de los alemanes pero los de Toralto frenan la arremetida. Los suecos no se rinden y lo intentan con la caballería pesada y los italianos vuelven a frenar el ataque. No hay moral más henchida que la de los nuestros y con tal pólvora llegan las picas de Idiáquez para reforzar el Tercio italiano avanzando y haciéndose con la loma.

Pero los suecos no aflojan y la carga de mosquetes empieza a hacer mella entre los nuestros, ¡hay que improvisar! Y Laínez da con la solución:

“En el instante de la descarga se agachaban para evitar las balas. Y a continuación, arcabuceros y mosqueteros recomponían la formación y hacían fuego demoledor, casi a quemarropa. Luego se protegían tras las filas de picas”.

La colina fue atacada hasta 15 veces y hasta 15 veces los nuestros repelieron el ataque. ¡Ya es hora de tomar la iniciativa! y en la ofensiva de los nuestros, el ejército sueco, ahora desarrapados soldados suecos, arrojan las armas y huyen. Tras la batalla, 12000 suecos huyeron y 4000 fueron hechos prisioneros.

Y así, una vez más, la fuerza de un Imperio recayó en las picas de un puñado de hombres cuya profesión era ser soldados del Rey al servicio de Nuestro Señor.